10 de julio de 2025
Entrevistas
Características chinas
Una entrevista con Xiaoyang Tang, de la Universidad de Tsinghua, en Pekín, sobre el pasado y futuro de China en el escenario internacional
Para Estados Unidos y sus aliados, el ascenso de China desde su rol como centro de manufactura de bajo costo hasta convertirse en la principal potencia industrial y en tecnología avanzada del mundo representa un desafío fundamental para el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial. La competencia cada vez más intensa por las cadenas de suministro de tecnologías críticas y sectores estratégicos refleja luchas más amplias por definir la dinámica de poder en un panorama global en transformación. Pero para muchos países del Sur Global, China es tanto un importador que moldea sus economías como un modelo potencial de desarrollo soberano.
Para explorar estas cuestiones, Maria Sikorski, editora de Phenomenal World, conversó con Xiaoyang Tang, director y profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tsinghua en Pekín y experto del China Forum. Su conversación abordó la trayectoria del desarrollo de China, las complejidades de sus relaciones entre el Estado y las empresas y su influencia en la proyección económica exterior, su papel en la gobernanza global y sus respuestas a los recientes cambios geopolíticos y geoeconómicos.
Una entrevista con Xiaoyang Tang
Maria Sikorski: Algunos observadores externos han caracterizado el desarrollo chino en contraste con el llamado “Consenso de Washington”. Sin embargo, en sus escritos, incluido su libro de 2021, usted cuestiona la idea de un único “Consenso de Beijing” al introducir el concepto de pragmatismo coevolutivo. ¿Qué nos dice este concepto sobre la propia historia de desarrollo de China y sobre su enfoque hacia otras naciones en desarrollo?
xiaoyang tang: El Consenso de Washington adoptó una lógica estricta de mecanismos causales e intentó generalizarlos: estipula variables estáticas que deberían conducir a resultados específicos. Identifica una relación de causa y efecto entre factores como el libre mercado y el crecimiento económico.
La experiencia china sugiere que analizar el desarrollo económico bajo esta lógica es excesivamente simplista, y que la cultura, las instituciones económicas existentes e históricas, el estilo del sistema educativo, la forma de gobierno, entre otros, deben avanzar de manera conjunta en el proceso de modernización de un país.
Considero que el concepto de pragmatismo coevolutivo explica mejor esta relación multidimensional e interactiva. La forma de gobierno no es un factor determinante del crecimiento económico; está correlacionada con él. Para que la economía crezca, la forma de gobierno debe adecuarse a las condiciones económicas del momento, y debe adaptarse a medida que la economía evoluciona. En este tipo de relación multidimensional, no existe un modelo fijo ni para el gobierno ni para la estructura económica que garantice el desarrollo. En cambio, se adopta una visión pragmática que ajusta diferentes factores dentro de un sistema más amplio para lograr una mejor articulación entre ellos en cada etapa del desarrollo. A diferencia de las prescripciones del Consenso de Washington, la búsqueda de la combinación adecuada de variables será dinámica, variando según el contexto nacional y el momento histórico.
Eso es lo que China ha venido haciendo durante los últimos cuarenta o cincuenta años. El experimentalismo y el cambio gradual le han permitido encontrar la combinación adecuada en cada periodo histórico.
MS: ¿Cómo influye la historia de China en su enfoque hacia el desarrollo y las finanzas internacionales? ¿Qué guía los proyectos de infraestructura chinos en el exterior y la cooperación económica a través del comercio y la inversión extranjera directa?
xt: Cuando se habla de desarrollo y financiamiento internacional, la construcción de infraestructura, el comercio y la inversión, todas estas cuestiones convergen en la cuestión central de la modernización. Los países que no forman parte de Occidente fueron y siguen siendo impulsados a seguir el camino occidental, debido al enorme impacto que tuvo la modernización occidental sobre la capacidad productiva, un proceso ante el cual ningún país pudo mantenerse al margen.
China aprendió esta lección a lo largo de más de un siglo. Con las reformas de mercado de 1978, comprendió que, para modernizarse, era necesario fomentar la productividad económica operando en el mercado global y poniendo un nuevo énfasis en la infraestructura y la tecnología. Los enfoques chinos en materia de comercio, inversión y construcción de infraestructura están estrechamente ligados a este proceso de modernización: para aumentar la productividad a través del mercado mundial, es indispensable contar con suficiente infraestructura que permita el flujo de mercancías, mano de obra e información. Este intercambio posibilita la ampliación de la producción y de la economía, lo que impulsa la industrialización y, a su vez, estimula una mayor expansión del mercado. Esta lógica es la que guía el enfoque chino hacia su proyección económica internacional.
MS: Su trabajo se ha centrado en los asuntos chinos en África. ¿Podría explicar cómo esta visión amplia del desarrollo económico chino ha influido en sus actividades en el continente africano? ¿Hasta qué punto el involucramiento de China ha logrado impulsar el desarrollo industrial y la transformación estructural en África, en lugar de simplemente exportar su exceso de capacidad productiva o garantizarse el acceso a materias primas?
xt: Mi investigación sobre las relaciones sinoafricanas comenzó con la observación directa de asociaciones económicas en el terreno. A comienzos del siglo XXI, la cooperación económica entre China y África creció tanto que atrajo la atención mundial de responsables políticos, actores económicos e investigadores, y yo fui uno de los primeros en tener la oportunidad de hacer trabajo de campo en la región. Viajé por primera vez a África en 2007 y llevo casi veinte años trabajando en este tema.
Como el continente más subdesarrollado del mundo, África tiene un potencial considerable, pero enfrenta numerosos desafíos. Muchas potencias coloniales y antiguas superpotencias, como Estados Unidos y la Unión Soviética, trabajaron en África con diversos enfoques en sus relaciones bilaterales, pero hicieron poco para facilitar el desarrollo africano.
China es en la actualidad el principal socio comercial de África, mientras que India ocupa el segundo lugar. Esta dinámica forma parte de un fenómeno más amplio de cooperación Sur-Sur, vinculado a la estructura económica global emergente. En el presente siglo, las economías desarrolladas como Europa y Estados Unidos comparten muy pocos, si es que realmente alguno, intereses sustanciales con África. Su involucramiento en el continente se limita, en gran medida, a ofrecer cierta ayuda a cambio de petróleo y otros recursos naturales.
Cuando China comenzó a trabajar con los países africanos, si bien los recursos naturales eran una parte importante de la cooperación, no eran el único componente. (Por ejemplo, la inversión china en el sector minero, aunque significativa, sigue siendo menos de la mitad de la realizada por sus contrapartes occidentales). Los lazos diplomáticos establecidos durante la época de la descolonización fueron fundamentales. Estos vínculos históricos, junto con el incipiente proceso de industrialización en África, abren nuevas posibilidades para el crecimiento chino. El creciente impulso de los gobiernos occidentales por desvincularse del comercio con China, junto con la saturación de sus propios mercados internos, obliga a China a buscar nuevas oportunidades de crecimiento. Si los países africanos logran industrializarse, pueden convertirse en socios económicos poderosos.
China invierte en infraestructura, apoya la creación de fábricas locales para desarrollar industrias de procesamiento en sectores como la agricultura y la minería, promueve el fortalecimiento de capacidades y la educación, y comparte las lecciones extraídas de su propia experiencia de desarrollo. En Zambia y Malawi, por ejemplo, China-Africa Cotton Co., además de cultivar algodón, ha establecido fábricas textiles y plantas de extracción de oleaginosas 1Xiaoyang Tang (2021) Adaptation, innovation, and industrialization: the impact of Chinese investments on skill development in the Zambian and Malawian cotton sectors, Journal of Chinese Economic and Business Studies, 19:4, 295-313. DOI: 10.1080/14765284.2021.1943734 Hace una década, China Nonferrous Metals Corporation ya estaba desarrollando una zona industrial de procesamiento de minerales en la región de Chambishi, en Zambia, con el objetivo de aumentar el valor de las exportaciones de cobre en bruto. 2Deborah Bräutigam, Xiaoyang Tang. “Going Global in Groups”: Structural Transformation and China’s Special Economic Zones Overseas/ World Development, Vol. 63, pp. 78-91, 2014.
MS: ¿Cómo se compara la experiencia africana con la de otras regiones del mundo donde China lleva a cabo actividades económicas y diplomáticas? En el caso de América Latina, China es un socio comercial importante, pero su rápido desarrollo económico también se ha asociado con la “reprimarización” de las economías locales, orientadas a abastecer productos primarios como soya, carne y minerales en bruto, entre otros.
xt: América Latina es bastante diferente de África. La región solía tener niveles industriales mucho más avanzados que China, pero ha experimentado un proceso de desindustrialización en las últimas décadas, el cual ya estaba en marcha incluso antes del ascenso chino.
La desindustrialización de América Latina fue impulsada por la adopción de políticas neoliberales en los años 80 y 90, cuando los países abandonaron los antiguos enfoques estructuralistas del desarrollo. Estos patrones son muy distintos a los de muchos países africanos, que nunca han tenido niveles avanzados de actividad industrial.
Las estructuras sociopolíticas también son muy diferentes, al igual que la mecanización, la productividad y las relaciones laborales en sectores primarios como la minería y la agricultura. El caso latinoamericano no se parece en nada al proceso de industrialización desde cero que está ocurriendo en muchos países africanos. En América Latina, en muchos casos, ya existe una estructura moderna, y ahora, debido a ciertos cambios en las políticas, se busca reactivar la industrialización.
Yo diría que la participación de China en América Latina se ha acelerado en la última década porque la industrialización china ha alcanzado un nivel comparable al de América Latina, superando a la región en algunos sectores, aunque no en todos, por ejemplo, el sector de fabricación de aviones de Brasil está por delante del chino.
Esto significa que ambos socios pueden encontrar más oportunidades para colaborar. El sector de vehículos eléctricos es un ejemplo claro: China tiene grandes capacidades productivas y América Latina cuenta con enormes mercados. La inversión china en la región, con la construcción de plantas de vehículos eléctricos, puede contribuir a reactivar la industria en América Latina. Hace diez años, esto no era factible, ya que la industria automotriz china aún se encontraba en una etapa muy incipiente.
Ahora que China ha alcanzado un nivel avanzado, puede permitirse invertir en proyectos como el ferrocarril que conecta Brasil con Perú y el puerto de Chancay. Estas inversiones permiten a América Latina aumentar sus exportaciones a Asia y reducir su dependencia del Canal de Panamá y del mercado estadounidense. Pienso que estas son las nuevas tendencias para China y América Latina. Con niveles industriales más similares, ambas regiones pueden ahora encontrar nuevas complementariedades.
MS: Al hablar de las relaciones sinoafricanas y sino-latinoamericanas, usted ha señalado que la cooperación económica constituye el núcleo central. ¿Cómo se coordinan o en qué difieren las instituciones estatales chinas y las empresas en sus enfoques de proyección exterior? ¿Cómo entienden e interpretan los empresarios y los funcionarios del Partido el papel de China en los asuntos globales?
xt: Los actores chinos no pueden dividirse simplemente entre públicos y privados. En China, hay mucha competencia, incluso dentro del llamado sector público. Empresas estatales como Sinopec y ChinaOil compiten entre sí; provincias enteras compiten entre sí. Mientras tanto, el llamado sector privado no es tan privado. Huawei es un ejemplo evidente. Es una empresa de propiedad privada que incluso trata de distanciarse del gobierno chino debido a problemas legales y de reputación en el extranjero. Sin embargo, Estados Unidos y otros gobiernos occidentales aún consideran su tecnología crítica como un factor relevante en la economía china, y eso influye en cómo opera la empresa a nivel mundial.
No solo Huawei, sino también Alibaba, Tencent, incluso BYD: todas son empresas de propiedad privada, pero componentes fundamentales del sistema económico chino. Por lo tanto, cuando estas empresas invierten en el extranjero, por ejemplo, ciertamente están representando la imagen de China y contribuyendo a su política.
Tomemos como ejemplo la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, Belt and Road Initiative), que tiene una estrategia bastante flexible y amplia. Cuando empresas chinas invierten en lugares como Brasil y Colombia, eso puede considerarse parte de la BRI. Así de complejo y diverso es el sistema chino.
Al mismo tiempo, para un observador externo, la actividad china puede parecer unificada, ya que todos estos actores comparten una visión similar del desarrollo. Cuando el gobierno busca promover la cooperación internacional, recurre tanto a empresas estatales como privadas para llevar a cabo sus proyectos. Al participar en ellos, estas empresas pasan a formar parte de la política exterior china.
China es una unidad con muchas complejidades y diversidades; no se divide simplemente en sectores público y privado.
MS: ¿De qué maneras China está trabajando simultáneamente dentro del orden internacional existente y tratando de reformarlo? Tanto en lo que respecta a la gobernanza global y sus instituciones, como en las prácticas comerciales y de inversión.
xt: China colabora con una amplia gama de instituciones internacionales, ya sean parte del orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial o entidades orientadas a reformar la gobernanza global. Continúa participando en el sistema de las Naciones Unidas para fortalecer el multilateralismo, la paz y la seguridad. Es un accionista principal en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial, aunque China no está satisfecha con estas instituciones, ya que promueven de manera evidente una visión dominada por Washington. Sigue siendo miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC)a pesar de los conflictos comerciales y la campaña de Estados Unidos en los últimos años para debilitar su autoridad. Aun así, China está explorando formas de trabajar con Europa y otros países para, con suerte, reinstaurar el orden comercial, aunque con el actual presidente de Estados Unidos existen motivos para ser pesimistas respecto a los resultados en los próximos cuatro años.
El objetivo de China es hacer que todo el entorno internacional sea más favorable al desarrollo económico, no solo para un pequeño grupo de países avanzados, sino para todos. Coherente con este enfoque pragmático coevolutivo, China participa en esfuerzos por ampliar el horizonte de la gobernanza global, uniéndose a los BRICS, estableciendo el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y apoyando a la Organización de Cooperación de Shanghái. Para alcanzar el objetivo del desarrollo económico, se necesita que diferentes variables trabajen juntas, razón por la cual China no tiene un plan único y directo para preservar o reformar el orden global existente. En su lugar, el pragmatismo la lleva a actuar dentro de las instituciones existentes mientras experimenta con nuevas. El experimentalismo y el gradualismo también orientan este enfoque hacia la gobernanza global.
MS: ¿Cómo caracterizaría usted la evolución de la política exterior de China, particularmente hacia el Sur Global, a la luz de los dramáticos conflictos geopolíticos y comerciales? ¿Cuáles son los puntos de inflexión o las lecciones aprendidas que darán forma a la próxima fase del compromiso exterior de China?
xt: Durante los últimos veinte años, China le ha dado mucha importancia a la colaboración con los países del Sur Global. En 2024, alrededor del 34 por ciento de las exportaciones chinas se dirigieron a los países BRICS+, África, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y las naciones de Asia Central, lo que superó el porcentaje de exportaciones hacia Estados Unidos, Europa y Japón, que en conjunto representaron un 32 por ciento.
En gran medida, los mercados de exportación del “resto del mundo”, que fomentan la cooperación Sur-Sur, pueden ahora satisfacer los principales intereses de China. Los países del Sur Global comparten visiones, historias comunes y una actitud más igualitaria y amistosa al asociarse. Por eso, China encuentra mucho más fácil continuar trabajando con ellos. Las relaciones Sur-Sur también tienen mucho más potencial que las relaciones Norte-Sur.
En la actualidad, Estados Unidos y Europa enfrentan sus propios problemas: sus economías atraviesan desafíos y su estabilidad política está en entredicho. Si bien en el Sur Global persisten numerosas regiones con altos niveles de riesgo, varios países han demostrado estabilidad y una disposición clara a acoger la inversión extranjera china con miras al desarrollo común. Dado este escenario, la política exterior china continuará relacionándose con el Sur Global no solo en términos económicos, sino también fomentando la confianza mutua y promoviendo los intercambios culturales.
MS: ¿Cómo entiende usted las respuestas de China a las restricciones comerciales impuestas por Estados Unidos, a la luz de su estrategia de desarrollo?
xt: Durante el primer mandato de Trump, la respuesta de China a los aranceles que Estados Unidos impuso en ese periodo se centró en diversificar sus socios comerciales. Pero en su segundo mandato, la situación es diferente. Trump ya no está enfocando sus medidas únicamente en China, al menos por ahora. En su lugar, está impulsando una guerra arancelaria a gran escala contra todo tipo de socios económicos de Estados Unidos, con el fin de instrumentalizar el caos y negociar nuevos acuerdos comerciales bilaterales.
La estrategia de Trump parte de la idea de que el orden existente puede ser alterado y que es posible ejercer presión sobre cada país para que acepte nuevas condiciones, aprovechando el tamaño del mercado estadounidense.
Mientras tanto, China quiere usar su propio caso para mostrarle al mundo que no debe ser coaccionado por Trump. China no teme la guerra comercial, pero tampoco está cerca de darle la espalda a Estados Unidos. Si Estados Unidos. quiere pelear, China tomará medidas. Pero si desea negociar, China está abierta, siempre que sea una negociación en igualdad de condiciones y con respeto mutuo.
El mensaje que China quiere enviar a todos los demás países, desde los europeos hasta el Sur Global, es el siguiente: la mayoría de nosotros se beneficia del mercado global y depende de él para seguir creciendo.
El orden comercial internacional es lo que nos permite promover la productividad económica y el bienestar. Por eso, mantendremos nuestro compromiso con la cooperación internacional. Entendemos que el orden global necesita ajustes, pero deben hacerse con respeto mutuo, no con una actitud condescendiente y unilateral.
China quiere que sus acciones ilustren esto ante el mundo. Y eso es lo que se ha visto en las negociaciones de Ginebra entre el viceprimer ministro chino y la secretaria del Tesoro de Estados Unidos.
Tradución al español de: María Isabel Tamayo
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