19 de junio de 2026

Análisis

El legado en disputa 

Votaciones en la primera vuelta presidencial de Colombia y la consolidación del posturibismo

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo en Colombia, uno de los opositores al gobierno con un discurso de extrema derecha, Abelardo de la Espriella, se enfrentará al candidato oficialista de izquierda, Iván Cepeda, después de una campaña marcada por una agresiva retórica .

De la Espriella es el candidato que obtuvo más votos en la primera vuelta y fue la sorpresa de unas elecciones en las que gran parte de la contienda tuvieron como protagonista al candidato de la izquierda. Desconocido hasta hace poco en círculos de poder más amplios, se trata de un abogado que convirtió la defensa judicial y mediática de personajes cuestionados en su capital político. En su trayectoria trabajó como una especie de “abogado del diablo”, al representar a figuras vinculadas con la “parapolítica”—una alianza entre políticos y paramilitares de derecha durante el gobierno de Álvaro Uribe. También representó judicialmente a personajes controvertidos como Álex Saab, el empresario que fue señalado durante años por periodistas de investigación y autoridades de varios países como uno de los principales operadores financieros del madurismo. 

Su familia mantuvo vínculos políticos con el entorno de Álvaro Uribe desde comienzos de los años 2000. Su padre fue uno de los primeros promotores de la candidatura de Uribe en el departamento de Córdoba, en la Costa Caribe, y posteriormente recibió un nombramiento como notario en Bogotá y Cartagena. Ahora, muchos años después, Abelardo logró superar en votos a la candidata oficial del uribismo, que había sido hasta ahora la cara más visible de la derecha en lo que va del siglo XXI.

De la Espriella ostenta una estética del lujo y del éxito empresarial inspirada en Trump. Capitaliza su vida de éxito empresarial como espejo de la prosperidad que pretende desatar en Colombia. Estructuró su campaña alrededor de la promesa de una mano dura contra la delincuencia, como la del presidente de El Salvador Nayib Bukele. También jugó la carta del discurso antipolítica con la esperanza de arrebatarle la presidencia a la izquierda.

En esta elección, Abelardo cuestiona principalmente la política de paz del gobierno Petro, y busca detener sus reformas sociales. Ha hablado de “destripar la izquierda”, en una retórica abiertamente agresiva que se asemeja a la de otros líderes de la región como Javier Milei. Ha prometido que implementará buena parte de su programa mediante decretos, lo que anticipa grandes tensiones con el Congreso, las Cortes y una expansión del poder ejecutivo. Con una promesa conjunta de mano dura contra la delincuencia en las calles y reducción del Estado, existe una preocupación de que su gobierno provoque nuevas violaciones a los derechos fundamentales y a las garantías judiciales, así como afectaciones a la estabilidad económica de cientos de miles de personas que trabajan hoy en el Estado.

La elección de este domingo puede interpretarse como un referendo sobre el presidente Gustavo Petro quien, a pesar de no haberse podido presentar para la reelección por prohibición constitucional, se ha mantenido en el centro de la discusión política. El análisis electoral de los resultados de la primera vuelta muestra que el voto de izquierda ha cambiado durante estos cuatro años. Aunque ha tendido a progresar en el mundo rural, incluido en zonas con poca presencia tradicional de la izquierda, gracias en buena medida a las políticas de redistribución de tierras y de subsidios, también retrocede en las cuatro mayores ciudades, y sobre todo en la capital, especialmente en las clases más altas. Estos datos serán claves para entender el resultado del domingo. Está en juego la continuidad del proyecto político del “petrismo”. La ciudadanía tendrá que decidir si continuará eligiendo a la izquierda en el poder, como en México, o se une al grupo de las nuevas presidencias de derecha antisistema que aparecen en el continente.

El legado en juego

Gustavo Petro llegó al poder con una ambiciosa agenda de reformas sociales y altas expectativas de su base popular, después de un muy criticado gobierno de su antecesor, el uribista Iván Duque, marcado por la pandemia y grandes movilizaciones populares que fueron violentamente reprimidas. Sin embargo, el primer gobierno de izquierda provocaba también resistencias en buena parte de la población colombiana que seguía asociando la izquierda con los grupos armados y sus exacciones, o al desastroso experimento de la Venezuela vecina. Así, la elección de Gustavo Petro se logró en 2022 con un margen estrecho (50,4 por ciento en segunda vuelta), mientras que el Pacto Histórico, su movimiento, sólo obtuvo un 17,3 por ciento de los votos en las legislativas de entonces. Se trató de un resultado sin precedente para la izquierda, pero muy insuficiente para permitirle gobernar sola.

En este contexto, el desafío para Petro consistió en demostrar que podía llevar a cabo reformas estructurales importantes en un marco institucional que no controlaba completamente y que le imponía serios límites. Durante los primeros meses de su gobierno, el presidente le apostó a crear una amplia coalición con fuerzas políticas más allá de la izquierda, incluyendo los tradicionales partidos Liberal y Conservador, y abriendo su gobierno a figuras reconocidas por su trayectoria y experiencia sin militancia previa en la izquierda. Esto le permitió hacer pasar la primera ola de reformas que incluyó la dimensión fiscal, que significó el aumento de los impuestos sobre los patrimonios y altos ingresos, y el plan nacional de gobierno. Fue también en esta etapa que se consensuaron los principales puntos de la reforma pensional, la primera de las grandes reformas sociales que Petro concibió en su agenda.

Pero el experimento fue de corta duración. Ya en la primera mitad de 2023, el presidente decidió cambiar de estrategia después de que se filtraran desacuerdos cada vez más fuertes, en particular sobre el tema de la reforma de la salud en el seno de su gobierno. Eligió finalmente la ruptura con su coalición de gobierno reorganizando su gabinete en un equipo más cohesionado y marcado por la militancia en la izquierda. Con ello asumió una posición minoritaria en el Congreso. Este cambio se justificaba, según el presidente, por las resistencias, e incluso el sabotaje, que sus propios ministros oponían a las reformas.

A partir de este giro, Petro emprendió un pulso permanente con el Congreso y la rama judicial, que cambió los códigos de la vida política del país. Desde su cuenta en X, elevó el tono contra la oposición, los medios de comunicación tradicionales y a veces su propia administración. También llamó a sus partidarios a salir a la calle a presionar los otros poderes que acusaba de hacer obstrucción a su agenda. En todo caso, en el Congreso logró la aprobación de la reforma pensional, que fusionó los dos sistemas paralelos anteriores en un sistema único de “pilares”. La segunda gran reforma que logró aprobar fue la laboral, que extendió varias garantías laborales. La aprobación de ambas reformas mostró que el diálogo con el Congreso, a pesar de las tensiones, nunca se rompió del todo. Otras reformas emblemáticas del gobierno fueron rechazadas, como la debatida reforma de la salud, mientras el sector sufre problemas y déficits acumulados cada vez más alarmantes desde la pandemia. Paralelo al avance accidentado y resistido de la agenda reformista del gobierno, Petro empezó a promover la idea de convocar una Asamblea Constituyente para confrontar todos los obstáculos institucionales. Así, el nuevo estilo contrastaba con una vida política colombiana que tradicionalmente tenía instituciones que funcionan con base en negociaciones y transacciones. 

Es precisamente este método el que se sometió a prueba en las urnas, donde Petro sigue siendo competitivo. Esto le permitió al presidente lograr ciertos resultados políticos y sostener la campaña de Iván Cepeda, su sucesor. Dicha campaña se montó en un nivel de popularidad aceptable de Petro, que tendió a mejorar en el último año de su mandato. Sus peleas con el gobierno israelí sobre el conflicto en Medio Oriente, o con Donald Trump sobre el trato hecho a los migrantes en Estados Unidos, le permitieron registrar apoyos más allá de sus partidarios, y supo jugar hábilmente una política de apaciguamiento después de su visita a Washington en febrero 2026, tras la intervención norteamericana en Venezuela. 

El giro a la estrategia de gobierno minoritario de choque logró desestabilizar la oposición, que  nunca logró encontrar el tono adecuado frente a la comunicación agresiva de Petro. Llegó a las elecciones de 2026 muy dividida, sin liderazgo fuerte, y sin lograr pasar la página de Álvaro Uribe, cuya sombra tutelar sigue planeando sobre la derecha colombiana. El expresidente Uribe tuvo que volver a entrar a la competencia al inscribirse en la lista de candidatos al Senado de su partido, Centro Democrático, después de varios años de retiro de la vida política activa. Mientras tanto, emergieron varias figuras outsiders, como la periodista Vicky Dávila, quien alcanzó a sonar como figura fuerte, antes de ser desplazada por el abogado Abelardo De la Espriella, quien adoptó para esta elección el estilo del argentino Javier Milei o del salvadoreño Nayib Bukele, buscando nuevos caminos para la derecha.

En contraste, Petro logró imponer tempranamente la unión de la izquierda y evitar cualquier disidencia en su propio campo, gracias a una exitosa primaria en octubre 2025 que dio a su vencedor, Iván Cepeda, un estatus de favorito en las encuestas que lo ubicaron entre 35 y 40 por ciento de intención de voto durante toda la campaña. Hijo de un congresista y dirigente histórico del partido comunista colombiano asesinado en los años 1990, Cepeda tiene una trayectoria reconocida en la izquierda colombiana, al lado de Gustavo Petro, con quien compartió numerosos combates, aunque tiene un estilo mucho más clásico, menos adepto de la tribuna y de las polémicas en las redes sociales.

A nivel social, Petro logró crear una fuerte conexión e identificación entre parte de los sectores populares y su proyecto político, y ese fervor lo ha heredado Cepeda. Casi duplicó el salario mínimo en su gobierno y, gracias al buen comportamiento del mercado del trabajo, esto se tradujo en una caída del porcentaje de población que vive por debajo del umbral de pobreza, que pasó de 36 por ciento en 2022 a 31 por ciento en 2024, según un estudio reciente del Banco de la República. Estos resultados pesan en el contexto electoral, y es probablemente cierto que Petro no hubiera tenido los márgenes de maniobras para obtenerlos si hubiera seguido con su estrategia de coalición de los primeros meses. 

Pero su estrategia también tuvo sus consecuencias electorales. Las decisiones y el estilo de Petro alejaron de la izquierda a una parte de la población que va más allá de las élites. Pudieron costarle incluso distanciamiento con aliados como la propia vicepresidenta Francia Márquez, o el movimiento feminista que criticó la protección que el presidente brindó a algunos fieles acusados de acoso. Aún así, Francia Márquez y el grueso de los movimientos feministas anunciaron su apoyó a Iván Cepeda, ya que De la Espriella representa un discurso más tradicionalmente patriarcal. 

Además, numerosos escándalos de corrupción acompañaron al gobierno de Petro. situación que se explica, en parte, por la desconfianza del presidente hacia el personal político y administrativo tradicional, que lo llevó a nombrar personajes de su confianza en muchos puestos clave, sin reparar en sus cualidades éticas. Las tensiones con el Congreso suscitaron también la tentación de comprar el apoyo de sus miembros. Fue el caso con el sonado escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos y Desastre, donde los directivos de esta entidad confesaron haber desviado recursos públicos para pagar sobornos a congresistas con el objetivo aparente de comprar apoyo político y lograr la aprobación de las reformas del presidente Gustavo Petro en el Congreso.

Con ese saldo, los resultados de este ciclo electoral son paradójicos para la izquierda. Muestran señales de progresión y consolidación, pero insuficientes para asegurar el futuro de sus reformas. Las elecciones legislativas, que se organizaron el 8 de marzo de 2026, casi dos meses antes de la primera vuelta presidencial, fueron ganadas de nuevo por el oficialista Pacto Histórico, que pasó de 17,3 por ciento a 22,7 por ciento de los votos. Sin embargo, el Centro Democrático, su principal rival de derecha, subió también de 11,4 por ciento a 15,6 por ciento.

De esta forma, la izquierda terminó el mandato de Petro con el partido más votado del país, unificado y organizado como nunca en la historia de esta fuerza política. Se formó una nueva generación de dirigentes desde el gobierno y el Congreso que le permitirá ganar peso en las instituciones incluso si no gana la presidencia. Sin embargo, ese favoritismo de la opción de izquierda quedó en ascuas después del resultado electoral del pasado 31 de mayo. A pesar de lo que auguraban las encuestas, el candidato de la izquierda no logró liderar la intención de voto, y fue superado por el candidato de derecha extrema. 

La primera vuelta

Concluido el escrutinio del 31 de mayo, la participación en la primera vuelta fue del 57,9 por ciento, una cifra que no se veía desde el fin del Frente Nacional para una primera vuelta de una elección presidencial, lo que muestra que los colombianos están muy interesados en la contienda y salieron a participar masivamente. 

El resultado dejó un país partido en dos: Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda concentraron más del 85 por ciento de los votos, mientras Paloma Valencia, la candidata del uribismo, quedó muy lejos del techo histórico de la derecha. De la Espriella se llevó el primer lugar con más del 43 por ciento de los votos, mientras que Cepeda lo sigue muy de cerca con el 40.99 por ciento. 

El resultado electoral obtenido por Iván Cepeda es comparable con el que obtuvo Gustavo Petro hace cuatro años y también posee un patrón geográfico muy parecido, con una votación mayor en los departamentos más periféricos del país y más afectados por el conflicto armado. Muchos de los municipios donde Petro obtuvo sus mejores resultados en 2022, y donde el progresismo sigue siendo competitivo bajo la figura de Cepeda, son territorios que han vivido durante décadas con una presencia limitada del Estado, pero una fuerte presencia de actores armados. En regiones del Pacífico, la Amazonía, parte del Caribe rural y zonas de frontera, la inversión social, los avances de la reforma agraria y la idea de tomarse en serio estas poblaciones encontró una audiencia receptiva porque conectaba con problemas históricos de infraestructura, salud, educación y seguridad.

No obstante, existen algunas diferencias si se ve el detalle de la diferencia entre el porcentaje obtenido por Cepeda y el de Petro en la primera vuelta de 2022, como muestra el siguiente mapa, que permite ver dónde creció la izquierda y dónde no.

El mapa permite entender que, a pesar de la impresión de reproducción a la idéntica, el voto de izquierda ha cambiado durante estos cuatro años. Ha tendido a progresar en el mundo rural, incluido en zonas con poca presencia tradicional de la izquierda. Es el caso en buena parte de los departamentos de Antioquia, del Tolima y del Meta. Una mención especial merece todo el departamento de Santander, que hace cuatro años fue el baluarte del candidato de derecha Rodolfo Hernández y donde De la Espriella no logra recuperar todo el apoyo que tenía el adversario de Petro. 

Sin embargo, es precisamente en las ciudades que la izquierda perdió terreno. La izquierda retrocede en las cuatro mayores ciudades, y sobre todo en la capital. Podemos mencionar también las ciudades del Eje cafetero, Boyacá, Valledupar, Neiva, Popayán y Pasto, que son ciudades más pequeñas. 

Aunque la izquierda puede aspirar a remontar en lugares afines donde la participación bajó, como Putumayo, el Catatumbo, Buenaventura, entre otros, el caudal de votos a ganar en esos departamentos es limitado. En cambio, la cantidad de votos a recuperar en Bogotá, Cali, y otras grandes ciudades es considerable, y se trata de un voto que alguna vez ganó la izquierda.

Parte de ese cambio se explica porque en 2022 Gustavo Petro logró construir una coalición urbana muy amplia que incluía votantes de izquierda tradicionales, jóvenes, sectores profesionales, parte de las clases medias y muchos votantes de centro que querían un cambio después del gobierno de Iván Duque. Cuatro años después, una parte de esos electores ya no está votando sobre la promesa de cambio, sino sobre los resultados percibidos del gobierno Petro, y eso impacta a la candidatura de Cepeda. 

En esas ciudades principales, el voto está muy “estratificado” en sentidos opuestos. Cepeda obtiene la mayoría absoluta en los estratos 1 y 2 (que son las personas más pobres) mientras De la Espriella hace lo propio en los estratos 4, 5, y 6 (los más ricos). En el estrato 3, que se considera una clase media, es donde Cepeda perdió casi 5 puntos con respecto a Petro en 2022: unos 60 mil votos menos en números brutos. De la Espriella, por su parte, tiene un porcentaje semejante a Cepeda en el estrato 3 y la diferencia entre ambos es de apenas unos 10 mil votos. Estos datos confirman que las clases medias de las grandes ciudades se volvieron un terreno de batalla clave para la segunda vuelta y que una eventual remontada de Iván Cepeda depende de ganar esa porción del electorado. 

El escenario electoral de la primera vuelta explica también la estrategia de moderación y distanciamiento con respecto a Petro que se ha dibujado desde hace unas semanas en la campaña de Cepeda, quien ha marcado distancia con la idea de la asamblea constituyente propuesta por Petro. Se trata de atraer al centro pero sobre todo al electorado de clase media urbana que votó por la izquierda hace cuatro años. Cepeda logra mantener el porcentaje logrado por Petro en el estrato 1 hace cuatro años, pero pierde terreno en los estratos altos, y sobre todo en el muy importante estrato 3, como muestra la diferencia entre 2022 y 2026.

La consolidación del posturibismo

Por el lado de la derecha, la victoria de De la Espriella en la primera vuelta inaugura la era del posturibismo que se veía venir desde 2022. Ya en ese entonces se había evidenciado el desgaste de la figura del expresidente Uribe, que hasta el momento se mantenía como la referencia insoslayable de la derecha desde su salida del poder en 2010. El Centro Democrático había salido muy golpeado de la presidencia de Iván Duque, y su candidato designado a la sucesión nunca logró despegar. El partido se replegó sobre la candidatura afín de Federico “Fico” Gutiérrez, exalcalde de Medellín, quien tampoco logró pasar a la segunda vuelta contra Petro y fue desplazado por un outsider empresario con discurso populista antipolítico, Rodolfo Hernández.

Este discurso antipolítico es el mismo que se encuentra hoy en la boca de De la Espriella, que fustiga a “los de siempre” (entiéndase, la clase política) para reivindicar a los “nunca”, los que no han obtenido jamás ninguna ayuda del Estado y viven de su trabajo. Es un discurso muy eficaz que no es particularmente nuevo. Álvaro Uribe lo tenía como una de sus banderas en el momento de su primera elección, cuando criticaba “la politiquería y la corrupción”. Pero después de sus dos mandatos de gobierno, el uribismo se “aburguesó”, al volverse un partido de representantes que empezaron a consolidarse en el Congreso y se hizo poco a poco el portavoz de los intereses de los sectores más acomodados, abandonando el uribismo popular del principio. Esto dejó un vacío que De la Espriella supo aprovechar, encontrando en Paloma Valencia, la candidata de Centro Democrático, un blanco fácil siendo ella nieta de un expresidente conservador.

Valencia estuvo a punto de pasar De la Espriella en las intenciones de votos durante el mes de abril, aprovechando la dinámica creada por su victoria en la consulta de la derecha y del centro, pero una serie de errores estratégicos le hizo perder el momento. Empezó a buscar el apoyo del centro con una lógica de segunda vuelta a destiempo, cuando se trataba todavía de conquistar el votante de derecha. Al final, fue de la Espriella quien cosechó el voto útil de un electorado dispuesto a votar por cualquier candidato de derecha bien ubicado para impedir que la izquierda siguiera en el poder. 

El posturibismo que encarna De la Espriella tiene todavía que definirse mejor. Juega con referencias más contemporáneas que Uribe, como las figuras de Javier Milei, Nayib Bukele, o el mismo Donald Trump. En términos de su base electoral, Abelardo de La Espriella recoge especialmente el voto antipetrista. Esto es, votantes que desaprueban el gobierno de Gustavo Petro y ven él la alternativa más frontal y confrontacional contra el legado de Petro. También ha logrado recoger a sectores de derecha descontentos con los partidos tradicionales, y que consideran que el Centro Democrático se moderó demasiado y, por tanto, se necesita una figura más disruptiva. También se encuentran entre sus bases los militares retirados, que reivindican el rol de las Fuerzas Armadas en la lucha contra los grupos guerrilleros. Finalmente, como en otros países, ha logrado un gran apoyo entre iglesias evangélicas y sectores católicos conservadores donde se ha presentado como un defensor de la familia tradicional y de la oposición al aborto. 

El apoyo recibido por parte del presidente de Estados Unidos no tiene un impacto electoral muy claro. Pero la posición de ambos candidatos con respecto a Estados Unidos es bastante clara desde el principio: alineación total para De la Espriella, cooperación más crítica para Cepeda. La intervención de Trump simplemente confirma la inscripción de De la Espriella entre estas corrientes a nivel ideológico. 

No obstante, como fenómeno electoral, se tiene que entender dentro de las dinámicas propiamente colombianas de la transición hacia el posturibismo y de reacción a lo que fue el gobierno de Petro—en un contexto en que, por otra parte, los temas internacionales no son tan relevantes para el electorado. Recoge mucho de la idea del candidato “antipolítico” que fue Rodolfo Hernández, el rival de Petro en 2022 y quien murió en 2024. De la Espriella le apunta a un estilo más enfocado a los sectores populares que el Centro Democrático. Es más crítico de las elites y diversifica las temáticas cuando el uribismo se había enfocado de manera casi exclusivamente sobre las críticas al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y en las negociaciones con los grupos armados. Entre estos nuevos temas, se puede resaltar una celebración aspiracional del trabajo duro en contraste de los que viven “de la teta del Estado”, tanto la clase política como los que viven de “subsidios” públicos. En materia de seguridad, se pone más el acento sobre la lucha contra la delincuencia urbana y no sólo contra los grupos armados activos en el ámbito rural. 

El propio Uribe, que manifestó su apoyo a De la Espriella para la segunda vuelta, seguirá sin duda jugando un papel. Su partido sigue siendo el mejor organizado y el más fuerte a la derecha. Sin embargo, ya no será la figura incontestable que fue en su momento. De la Espriella tiene la posibilidad ahora de asumir un liderazgo nuevo que no le será contestado si gana, y que pesará de todo modo si pierde. 

Aunque De la Espriella llegó a la segunda vuelta atacando duramente a sus adversarios y a los medios de comunicación está por verse si esa estrategia le quitó peso en la segunda vuelta, donde buscar el centro, los moderados y los indecisos se vuelve fundamental. Con mayor razón, se volverá un obstáculo para gobernar si finalmente se vuelve el próximo presidente. Abelardo de la Espriella no tiene partido y no cuenta con la representación que tenía Petro. Tendrá, por tanto, que componer con esta clase política que tanto criticó y que ahora está en buena parte alineada con él en la segunda vuelta.

Por ahora, De la Espriella representa un riesgo frontal para las libertades civiles, la prensa crítica y los derechos de las minorías, desde una promesa de orden, mano dura y concentración de poder en el Ejecutivo. Está por verse si ese discurso logra vencer a la continuidad del proyecto de Petro.

Further Reading


¿Paz Total?

Negociaciones entre el gobierno de Gustavo Petro y el ELN

La llegada a la presidencia de Gustavo Petro en Colombia marca un punto de inflexión en su historia democrática, por ser la primera presidencia de...

Cuatro años de Petro

Los intentos de revertir el neoliberalismo tecnocrático

A cuatro años de su llegada al poder, Gustavo Petro concluye un mandato que prometió romper con el modelo neoliberal.

Tierra, guerra y política

Orígenes de la guerra civil y la desigualdad agraria en Colombia en los años 60s-80s

El ciclo de violencia que comenzó en algún momento entre mediados de la década de 1970 y comienzos de 1980 en Colombia estuvo estrechamente relacionado...

;