31 de octubre de 2026
Análisis
Mapa congelado
Prospectos de una revolución política tras las elecciones de mitad de legislatura de 2026
Las elecciones de mitad de legislatura rara vez sacan lo mejor de los presidentes. Al enfrentarse casi siempre a dificultades electorales, los mandatarios suelen recurrir a maniobras y artimañas que no hacen más que confirmar la fe cada vez menor del electorado en su administración. El desafortunado intento de Franklin Roosevelt de purgar al Partido Demócrata de los opositores al New Deal en 1938 solo sirvió para recordar a los votantes que no habría un Tercer New Deal; la campaña de Gerald Ford de 1974 ‘Whip Inflation Now’ (Acabemos con la inflación ahora) convenció incluso a los economistas republicanos de que el presidente era un peso ligero en materia de política. Este año, ante unos índices de popularidad en picada, el presidente Donald Trump ha aprovechado el ciclo electoral para asociar a los candidatos de su partido con su persona y cobrarles $25 mil dólares por asistir al mitin de recaudación de fondos para las elecciones de mitad de legislatura.
Pero las muestras de insensatez presidencial no siempre van seguidas de derrotas electorales. En este sentido, una analogía histórica acertada para el 3 de noviembre de 2026 podrían ser las elecciones de mitad de legislatura de hace cien años, profundamente olvidables. En 1926, el presidente republicano Calvin Coolidge, tan empeñado en no hacer nada que se le conocía por echarse siestas de horas cada tarde, presidió una economía en auge y un Congreso que, en gran medida, le dejaba hacer lo que le placía. Los republicanosq perdieron un puñado de escaños ese año, pero mantuvieron un cómodo control de ambas cámaras. El mapa electoral apenas había cambiado desde la gran reorganización de 1896: los republicanos controlaban el noreste y el medio oeste, mientras que los demócratas monopolizaban el sur. Ninguno de los dos partidos lograba abrirse paso en las fortalezas del otro.
Pero bajo esa superficie estática, ambos partidos se encontraban sumidos en el caos. La fusión del Partido Republicano con las altas esferas de las finanzas, aunque ventajosa desde el punto de vista electoral, estaba corrompiendo sus cimientos. Andrew Mellon, uno de los hombres más ricos del país, dirigía el Tesoro y el sistema tributario en beneficio directo de su clase, mientras que los escándalos de la presidencia de Harding —que no comenzaron a salir a la luz hasta después de su muerte en 1923— revelaron un partido en el que los cargos del gabinete estaban en venta. Los demócratas no estaban en mejor situación. Su convención de 1924 tuvo que votar 103 veces antes de decidirse por el abogado de Wall Street John W. Davis como candidato, después de que los delegados se enzarzaran en una disputa sobre el Ku Klux Klan y la Prohibición. Davis acabaría obteniendo menos del treinta por ciento de los votos.
El mapa parecía congelado, hasta que dejó de estarlo. Durante la década que siguió a las anodinas elecciones de mitad de legislatura de 1926, el Partido Demócrata sería escenario de una de las transformaciones más dramáticas de la historia política estadounidense— reforjado por votantes urbanos, inmigrantes y de clase trabajadora recién movilizados— y el Partido Republicano quedaría excluido del poder nacional durante una generación.
Cien años después, a pesar de la profunda impopularidad de Donald Trump, los turbulentos dramas de la política nacional y los rumores sobre una ‘ola azul’, el mapa político del país parece igualmente estático. La mayoría de los analistas electorales consideran que un cambio de veinte escaños en la Cámara de Representantes es el límite máximo de los resultados posibles. En el Senado, incluso un cambio de cinco escaños resulta improbable. La división entre zonas rurales y urbanas y la manipulación de los distritos electorales han dejado muy pocos escaños en juego, y es probable que estas elecciones sean una pálida imitación de años recientes tan tumultuosos como 1994, 2006 o 2018, cuando el equilibrio de poder en la Cámara de Representantes se modificó en docenas de escaños.
Pero, al igual que en la década de 1920, la aparente estabilidad del mapa electoral oculta una profunda agitación en el seno de los propios partidos. En cuanto a sus configuraciones institucionales internas, sus relaciones con los votantes y sus fuentes de financiación, tanto los demócratas como los republicanos se encuentran en situaciones muy diferentes a las de hace una década, sin que haya indicios de que el ritmo del cambio vaya a detenerse. Un sistema político que refleja tan poco de esta agitación en sus resultados electorales no puede contenerla para siempre.
El decisor
El dominio de Donald Trump sobre el Partido Republicano no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Aunque presidentes anteriores, como Lincoln y Franklin Delano Roosevelt sobresalían por encima de sus partidos, ninguno de ellos fue capaz jamás de consolidar el tipo de control personalista que Trump ha ejercido sobre el Partido Republicano durante la mayor parte de la última década.
El dominio de Trump sobre el partido ha supuesto, en cierto sentido, un sustituto de las estructuras partidistas tradicionales que se habían ido vaciando de contenido a lo largo de las décadas anteriores.1Para conocer más de su trayectoria, ver: (<)em(>)(<)em(>)Rogue Elephant: How the Republicans Went from the Party of Business to the Party of Chaos(<)/em(>) (Verso, 2025).(<)/em(>) Antes de su ascenso meteórico, los financiadores tradicionales del partido en la comunidad empresarial se estaban fragmentando cada vez más políticamente, y un modelo de recaudación de fondos cada vez más centrado en los candidatos y en los comités de acción política (PAC) estaba trasladando estas fracturas directamente al partido. El resultado fue una especie de guerra civil republicana entre 2008 y 2016, en la que el ala del Tea Party del Partido Republicano se enfrentó a su establishment más tradicional. Trump se hizo con el poder en medio de un punto muerto entre estas dos fuerzas y se convirtió rápidamente en la principal fuente de cohesión en un partido con escaso consenso entre sus facciones.
Si bien los caprichos de una estrella de los reality shows se convirtieron en el pegamento que mantenía unido al partido, las ideas de Trump durante su primer mandato se vieron a menudo bloqueadas por la inercia institucional, la incompetencia de su propia administración y la resistencia de diversos apparatchiks republicanos. En su segundo mandato, sin embargo, el primer y el tercer factor se han superado en gran medida. Mientras que su primera administración contaba con figuras de alto rango como John Kelly y Jim Mattis, que consideraban su servicio como una especie de ‘reducción de daños’ de la derecha, los principales responsables de su segundo mandato, como Stephen Miller y Marco Rubio, están deseosos de llevar a cabo incluso las orientaciones políticas más descabelladas que Trump busque. A diferencia también de su primer mandato, la mayoría republicana en el Congreso se muestra encantada de demostrar su sumisión, sin plantear ninguna protesta ante la usurpación de poder por parte del ejecutivo. Todo ello ha permitido a la administración actuar con una velocidad aterradora para remodelar la burocracia federal.
Al mismo tiempo, los responsables de la segunda administración de Trump han renunciado a intentar disuadir al presidente de tomar decisiones precipitadas. Como explicó un asesor a un periodista: ‘¿Para qué molestarse? Él es el jefe’.2Jim Vande Hei y Mike Allen, “GOP Officials Give Up on Futile Trump Persuasion,” Axios, Septiembre 9, 2026, (<)a href='https://www.axios.com/2026/09/09/trump-midterms-republicans-popularity'(>)https://www.axios.com/2026/09/09/trump-midterms-republicans-popularity(<)/a(>).
Aunque esta deferencia demuestra el poder de Trump dentro del partido, no cabe duda de que los resultados han empeorado las perspectivas del Partido Republicano de cara a las elecciones de mitad de legislatura.
Toda la campaña republicana para las elecciones de mitad de legislatura se ha construido en torno a los caprichos monárquicos de Trump. En lugar de una estrategia real sobre el papel de su gabinete en la campaña, el presidente ha creado una competición al estilo de ‘The Apprentice’ en la que funcionarios como el fiscal general y el secretario de Defensa ganan prestigio en función del tiempo que dedican a pronunciar discursos en distritos disputados. La convención de las elecciones de mitad de legislatura, vendida como un espectáculo para ayudar al Partido Republicano en noviembre, fue tanto una recaudación de fondos para el presidente como para las campañas al Congreso: la Casa Blanca cobró a los candidatos que asistieron y, a cambio, los puso en televisión junto a un presidente históricamente impopular, que insistió en hablar ambas noches. No es de extrañar que muchos republicanos en contiendas reñidas decidieran no asistir al evento. Incluso cuando Trump ha comprado espacios publicitarios en contiendas reñidas a través de su super PAC, MAGA INC, los anuncios han centrado en gran medida en el propio Trump.
En el ámbito político, la falta de moderación de Trump resulta igualmente destructiva. Desde hace ya casi un año, ha tildado la agenda de ‘asequibilidad’ (del inglés affordability) de ‘estafa’ y de ‘término inventado por los demócratas’.3Nick Lichtenberg, “Trump Dismissed Affordability as a Word ‘Made Up by the Democrats’ and Promised Oil Would Come ‘Tumbling Down’—Then It Hit $100 a Barrel,” Fortune, Julio 23, 2026, (<)a href='https://fortune.com/2026/07/23/trump-dismisses-affordability-democrats-made-up-word-oil-prices-100-barrel/'(>)https://fortune.com/2026/07/23/trump-dismisses-affordability-democrats-made-up-word-oil-prices-100-barrel/(<)/a(>). A medida que crece entre el electorado la preocupación por la inteligencia artificial y la construcción de centros de datos, Trump se aferra a una postura de laissez-faire respecto a ambos temas. Y, por citar el ejemplo más evidente, la desastrosa guerra de Trump contra Irán se ha convertido en un lastre tan grande para la Administración que sus portavoces se pasan ahora el tiempo reprendiendo a los votantes, alegando que quien se moleste por el aumento de los precios de la gasolina carece de patriotismo. A cada paso, Trump ha insistido en definir la imagen del Partido Republicano en función de sus propios impulsos, sin importarle el coste que ello suponga para su partido.
Ante todo esto, algunos republicanos han comenzado a intentar marcar distancias entre ellos y la Administración.
Pero la capacidad de los republicanos para distanciarse de Trump está muy limitada. En primavera, el presidente demostró el control que aún ejerce sobre los votantes de las primarias del Partido Republicano, al eliminar a varios republicanos en el cargo en unas primarias impulsadas por la Administración. En Indiana, los rivales respaldados por Trump que se enfrentaban a seis legisladores estatales que habían votado en contra de un nuevo recorte electoral del estado ganaron todas sus contiendas.4“Trump-Backed Candidates Win Indiana Republican Primary,” The New York Times, Mayo 5, 2026, (<)a href='https://www.nytimes.com/2026/05/05/us/trump-candidates-win-indiana-republican-primary.html'(>)https://www.nytimes.com/2026/05/05/us/trump-candidates-win-indiana-republican-primary.html(<)/a(>). En Kentucky, el diputado Thomas Massie, el crítico más acérrimo de la Administración dentro del Partido Republicano, perdió frente a un rival.5Grey Anderson, “Costly Signals,” New Left Review, Sidecar, Mayo 28, 2026, (<)a href='https://newleftreview.org/sidecar/posts/costly-signals'(>)https://newleftreview.org/sidecar/posts/costly-signals(<)/a(>) En Luisiana y Texas, senadores en el cargo han perdido frente a rivales respaldados por Trump: la diputada Julia Letlow, financiada por OpenAI, venció a Bill Cassidy en el primer caso; y el fiscal general del estado Ken Paxton, envuelto en escándalos, venció a John Cornyn —un trumpista leal pero insuficientemente entusiasta en su adhesión— en el segundo.6“Paxton Defeats Cornyn in Texas Republican Senate Primary,” The New York Times, Mayo 27, 2026, (<)a href='https://www.nytimes.com/2026/05/27/us/politics/paxton-cornyn-texas-republican-primary.html'(>)https://www.nytimes.com/2026/05/27/us/politics/paxton-cornyn-texas-republican-primary.html(<)/a(>). En Carolina del Sur, por su parte, Trump eligió a Darline, hermana de Lindsey Graham, para suceder al senador fallecido, y su super PAC gastó casi un millón de dólares en la última semana de la campaña para asegurar la victoria de Graham sobre el ultraconservador Ralph Norman. En respuesta a esta vulgar demostración de poder, la mayoría de los legisladores republicanos se han pisado unos a otros en sus intentos por demostrar su lealtad.
Más allá de su ejército de votantes en las primarias, Trump también controla las riendas del dinero en estas elecciones. MAGA Inc ha recaudado la asombrosa cifra de 400 millones de dólares de una galería de personajes de la élite ultrarrica. El ala derecha de Silicon Valley está muy bien representada, con el fundador de OpenAI, David Brockman, los hermanos Winklevoss y Marc Andreessen, todos ellos con aportaciones de más de 10 millones de dólares cada uno. Financieros como Stephen Schwartzman y Timothy Mellon también son donantes importantes, al igual que los magnates de los casinos Steve Wynn y Bijan Tehrani. Por último, están los magnates petroleros tejanos como Kelcy Warren y Tim Dunn; la Texas Public Policy Foundation de este último ha sido una fuente clave de personal y orientación política para la segunda administración de Trump. Este grupo relativamente pequeño de donantes ha permitido a MAGA Inc destacar por encima de todos los demás super PAC en la carrera electoral.
Mientras los republicanos se enfrentan a un entorno desfavorable, muchos cuentan con unos cuantos millones de este tesoro para cruzar la línea de meta. Y aunque el PAC se ha mostrado reacio a gastar, los recientes documentos presentados ante la FEC revelan que esto puede ser algo más que mera tacañería por parte de Trump.7Luke Fountain, “Much of Trump’s Promised Midterm Election Spending Has Yet to Surface, New Filing Shows,” CNBC, Septiembre 21, 2026, (<)a href='https://www.cnbc.com/2026/09/21/trump-maga-midterm-spending-war-chest.html'(>)https://www.cnbc.com/2026/09/21/trump-maga-midterm-spending-war-chest.html(<)/a(>). El 1 de septiembre se crearon dos nuevos super PAC —No Going Back PAC y Safety and Affordability PAC—, que comparten tesorero y dirección con MAGA, Inc., y que ya han destinado más de 125 millones de dólares a la compra de espacios publicitarios.
Así pues, aunque muchos en el partido puedan considerar la marca MAGA tóxica a estas alturas, los republicanos siguen dependiendo de los fondos que controla Trump, y parece poco probable que asistamos a un alejamiento a gran escala de Trump. Es muy posible que los candidatos republicanos comprendan que Trump es el origen de la mayoría de sus problemas, pero también es su única esperanza para superarlos.
La teoría moderna de la cartera republicana
En las décadas anteriores a Trump, el Partido Republicano era, según el estereotipo, el partido de las juntas directivas de las grandes empresas. La recaudación de fondos se llevaba a cabo en gran parte a través de las redes sociales de los ricos del mundo empresarial. Ya en la década de 1980 era evidente que ‘las empresas utilizan su red para eludir los límites del importe máximo legal de donación’.8Dan Clawson et al., (<)em(>)Dollars and Votes: How Business Campaign Contributions Subvert Democracy(<)/em(>) (Temple University Press, 1998), 177. Este proceso alcanzó su apogeo en las campañas de George W. Bush. El asesor de toda la vida de Bush, Karl Rove, desarrolló un sistema en el que los donantes que reunían fondos solicitando donaciones a amigos, colegas y familiares alcanzaban diferentes rangos dentro de la campaña: los ‘Pioneers’ reunían 100 mil dólares o más; los ‘Rangers’, 200 mil dólares o más. La propia recaudación de fondos funcionaba como un mecanismo de cohesión entre la élite empresarial.
Este aparato comenzó a desmoronarse a raíz de las sentencias de Citizens United y Speechnow en 2010, que dieron lugar a los super PAC. A diferencia de los comités de candidatos —cuyos límites a las donaciones dieron origen a los ‘bundlers’ en primer lugar—, los super PAC pueden aceptar fondos ilimitados de cualquier persona. Mientras que el antiguo sistema favorecía a los donantes capaces de movilizar a docenas de otros financiadores afines, los ‘super PAC’ permitieron a donantes especialmente ideológicos superar con creces lo que incluso el ‘Ranger’ más sociable lograba. El magnate de los casinos Sheldon Adelson, por ejemplo, donó 5 millones de dólares al ‘super PAC’ de Mitt Romney en 2012.9Rachael Marcus, “PAC Profile: Restore Our Future,” Center for Public Integrity, January 30, 2012, (<)a href='http://publicintegrity.org/politics/pac-profile-restore-our-future/'(>)http://publicintegrity.org/politics/pac-profile-restore-our-future/(<)/a(>). Los ricos han podido ahorrar su capital social y, en su lugar, limitarse a gastar su dinero.
A lo largo de la década siguiente, los super PAC siguieron cobrando mayor importancia en el ecosistema de la financiación de campañas. Aunque tanto demócratas como republicanos dependían de ellos, los super PAC representan una proporción mucho mayor de las contribuciones al Partido Republicano, que adolece de una relativa escasez de pequeños donantes. En 2024, el comité de campaña de Trump recaudó solo unos 450 millones de dólares, menos de la mitad de lo recaudado por Biden y Harris y —lo que resulta aún más llamativo— unos 300 millones menos de lo que su comité recaudó en 2020. Alrededor del 70 por ciento del dinero de Trump procedía de super PAC como MAGA Inc. y otras organizaciones externas.10Ver “2024 Presidential Race,” OpenSecrets, accessed September 27, 2026, (<)a href='https://www.opensecrets.org/2024-presidential-race'(>)https://www.opensecrets.org/2024-presidential-race(<)/a(>).
La capacidad de los ‘super PAC’ para canalizar enormes sumas procedentes de multimillonarios particulares ha sido un salvavidas para el Partido Republicano. Solo tres familias —los Adelson, los Mellon y los Musk— aportaron más de 450 millones de dólares a las campañas republicanas a través de ‘super PAC’ en 2024.11 “Billionaire Clans Spend Nearly $2 Billion on 2024 Elections,” Americans for Tax Fairness, Octubre 29, 2024, (<)a href='https://americansfortaxfairness.org/billionaire-clans-spend-nearly-2-billion-2024-elections/'(>)https://americansfortaxfairness.org/billionaire-clans-spend-nearly-2-billion-2024-elections/(<)/a(>). Sin este dinero, no está claro que el partido hubiera conseguido el control unificado del Gobierno federal. Pero a medida que el partido se ha vuelto cada vez más dependiente de un pequeño número de megadonantes hiperideológicos, su base financiera se ha reducido considerablemente. Mientras que George W. Bush se ganó el apoyo entusiasta de un amplio espectro de ricos empresarios, el Partido Republicano de Trump depende de la generosidad de un grupo de donantes comparativamente minúsculo. En 2024, el politólogo Adam Bonica calculó que los 400 principales donantes del Partido Republicano aportaban la asombrosa cifra del 60 por ciento de los fondos del partido (la cifra correspondiente a los demócratas era de poco más del 20 por ciento).12Adam Bonica, “Striking Shift in GOP Donor Base—Top 400 Donors Now Provide over 60% of GOP Funds, Nearly Double 2020 Levels,” Bluesky, Noviembre 20, 2024, (<)a href='https://bsky.app/profile/adambonica.bsky.social/post/3lbfmyq22d224'(>)https://bsky.app/profile/adambonica.bsky.social/post/3lbfmyq22d224(<)/a(>).En un país en el que el electorado supera los 230 millones de personas, se trata de una capa social extraordinariamente reducida de la que obtener financiación para un partido político.
Esta dependencia de unos pocos megadonantes ha continuado de cara a las elecciones de medio término de 2026. En lo que respecta a los propios comités de candidatos, los republicanos están siendo superados ampliamente en la recaudación de fondos. A finales de septiembre, los comités de candidatos demócratas a la Cámara de Representantes contaban con una ventaja financiera agregada de unos 200 millones de dólares, y los comités de candidatos demócratas al Senado tenían una ventaja agregada de unos 275 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de esta ventaja, los demócratas están siendo superados de forma contundente en gasto en la recta final de la campaña. Según Politico, desde agosto el Partido Republicano ha superado a los demócratas en la compra de publicidad en 264 millones de dólares en las campañas al Senado y en 73 millones de dólares en las de la Cámara de Representantes.13Lisa Kashinsky et al., “Dems Are Being Outspent Across House and Senate Races. They Disagree over Where to Put the Money They Have,” Politico, Septiembre 24, 2026, (<)a href='https://www.politico.com/news/2026/09/24/democrats-midterms-money-worries-disagreements-01090770'(>)https://www.politico.com/news/2026/09/24/democrats-midterms-money-worries-disagreements-01090770(<)/a(>). La mayor parte de esta diferencia proviene de los super PAC. Como se ha mencionado anteriormente, MAGA Inc., de Trump, cuenta con un fondo de campaña de unos 400 millones de dólares.14“Democrats, Republicans See Widening Midterms Cash Fundraising Gap,” Politico, Julio 22, 2026, (<)a href='https://www.politico.com/news/2026/07/22/democrats-republicans-midterms-cash-fundraising-gap-01007270'(>)https://www.politico.com/news/2026/07/22/democrats-republicans-midterms-cash-fundraising-gap-01007270(<)/a(>).
Al mismo tiempo, el Senate Leadership Fund, el super-PAC organizado por McConnell y ahora controlado por John Thune, cuenta con casi el doble de dinero que su homólogo demócrata. El Congressional Leadership Fund, el super-PAC organizado por Boehner y ahora al servicio de Mike Johnson, dispone de aproximadamente un 50 por ciento más. Solo unas pocas docenas de personas aportan la mayor parte de este dinero.
Esta dinámica también se ha extendido a las elecciones de menor rango.15Las campañas para cargos a nivel estatal no están reguladas por la Comisión Federal Electoral (FEC) ni por la legislación federal sobre financiación de campañas, por lo que el panorama institucional puede variar bastante de un estado a otro y no se ajusta necesariamente a la estricta distinción entre los ‘super PAC’ y los comités de campaña que existe a nivel federal En Wisconsin, por ejemplo, dos tercios de los fondos del candidato republicano a gobernador Tom Tiffany proceden de tres multimillonarios (que también son grandes donantes de MAGA Inc), dos de los cuales están casados.16Mary Spicuzza y Eva Wen, “3 Billionaires Put Tom Tiffany in a Big Cash Lead over David Crowley,” Milwaukee Journal Sentinel, Septiembre 25, 2026, (<)a href='https://madison.com/news/state-regional/government-politics/elections/article_7e33d526-6496-5f12-b391-42bf71301383.html'(>)https://madison.com/news/state-regional/government-politics/elections/article_7e33d526-6496-5f12-b391-42bf71301383.html(<)/a(>). Esto ha permitido a Tiffany superar en gasto a su oponente, David Crowley, en una proporción de tres a uno.17Ruth Conniff, “The Real Cost of Tom Tiffany’s Debate Dodge,” Wisconsin Examiner, Septiembre 18, 2026, (<)a href='https://wisconsinexaminer.com/2026/09/18/the-real-cost-of-tom-tiffanys-debate-dodge/'(>)https://wisconsinexaminer.com/2026/09/18/the-real-cost-of-tom-tiffanys-debate-dodge/(<)/a(>). Del mismo modo, en Florida, el republicano Byron Donalds cuenta con unos 45 millones de dólares en su comité de campaña y en el PAC asociado.18A. C. Gancarski, “Polls Say Dead Heat, Money Says Otherwise: Byron Donalds Holds $44 Million to David Jolly’s $6 Million,” Florida Politics, Septiembre 2026, (<)a href='https://floridapolitics.com/archives/820861-cash-crunch-continues-for-david-jolly-in-governors-race/'(>)https://floridapolitics.com/archives/820861-cash-crunch-continues-for-david-jolly-in-governors-race/(<)/a(>). De esta cantidad, nada menos que 10 millones de dólares proceden de Ken Griffin, megadonante del Partido Republicano y de MAGA Inc.19Matt Dixon, “Republican Megadonor Ken Griffin Gives $10 Million to Boost Byron Donalds’ Bid for Florida Governor,” NBC News, July 24, 2026, (<)a href='https://www.nbcnews.com/politics/2026-election/republican-ken-griffin-byron-donalds-florida-governor-rcna588984'(>)https://www.nbcnews.com/politics/2026-election/republican-ken-griffin-byron-donalds-florida-governor-rcna588984(<)/a(>).Por el contrario, el rival demócrata de Donalds, David Jolly, cuenta con apenas 6,3 millones de dólares.
El aparato de recaudación de fondos republicano es, sin duda, una estructura imponente. Por lo general, en las elecciones de mitad de legislatura el dinero fluye hacia el partido con más posibilidades de ganar, ya que los donantes buscan comprarse acceso y ganarse el favor del nuevo partido mayoritario. Pero la capacidad del Partido Republicano para obtener fondos prácticamente ilimitados de una base de donantes extraordinariamente reducida ha trastocado este patrón y le ha dado al partido una ventaja decisiva en la recaudación de fondos. No obstante, parece bastante probable que los demócratas ganen la Cámara de Representantes, y la mayoría en el Senado está, al menos, a su alcance. La propia capacidad del Partido Republicano para recaudar cientos y cientos de millones de dólares de unos pocos multimillonarios le ha permitido mostrarse indiferente ante el sentir de los votantes. Al poder invertir dinero en cualquier diferencia en las encuestas que detecten, el partido ha sentido menos necesidad de moderar su discurso y adaptarse a la opinión pública. En este sentido, el nuevo modelo de recaudación de fondos republicano podría resultar construido sobre cimientos inestables.
Siguiendo el elefante
Sin duda, a muchos en el Partido Demócrata les encantaría tener los problemas que conlleva disponer de dinero ilimitado. Hoy en día, aunque los comités de los candidatos demócratas recaudan fondos con éxito, las instituciones oficiales del partido y los comités de acción política (PAC) se están quedando atrás respecto a sus homólogos republicanos. El Comité Nacional Demócrata (DNC), en particular, se encuentra en una situación financiera más grave que en cualquier otro momento desde finales de la década de 1960, cuando los esfuerzos de Lyndon Johnson por eludir el aparato del partido provocaron que la organización fuera en gran medida incapaz de apoyar la campaña de Humphrey en 1968. Sus cuentas presentan actualmente un déficit de varios millones de dólares.20Daniel J. Galvin, (<)em(>)Presidential Party Building: Dwight D. Eisenhower to George W. Bush(<)/em(>) (Princeton University Press, 2010), cap. 9. Sus cuentas presentan actualmente un déficit de varios millones de dólares.
Esta situación es bastante reciente. Al menos a nivel presidencial, los candidatos del Partido Demócrata han recaudado más fondos que los republicanos en todas las elecciones posteriores a 2004. 21Paul Heideman, “The Party of American Capital,” Jacobin, Diciembre 16, 2024, (<)a href='https://jacobin.com/2024/12/the-party-of-american-capital'(>)https://jacobin.com/2024/12/the-party-of-american-capital(<)/a(>).El DNC, en concreto, a menudo se ha quedado rezagado respecto al RNC en las elecciones de mitad de legislatura, pero en la historia reciente no había entrado en un ciclo con este tipo de desorden financiero.
Hay varias causas detrás de las dificultades del comité. La farsa en torno a la publicación de la ‘autopsia’ del Partido Demócrata sobre las elecciones de 2024 empañó la imagen de Ken Martin como nuevo presidente del partido, y sus posteriores intentos por controlar los daños no hicieron más que socavar aún más su liderazgo.22Lisa Kashinsky, “‘The Report’s So Stupid’: The DNC 2024 Autopsy Is Roiling Democrats,” Politico, Mayo 21, 2026, (<)a href='https://www.politico.com/news/2026/05/21/democratic-party-2024-autopsy-00931754'(>)https://www.politico.com/news/2026/05/21/democratic-party-2024-autopsy-00931754(<)/a(>).(<)br(>) Un punto central del debate fue el efecto que tuvo el apoyo de la administración Biden a un Israel genocida en la campaña de Kamala Harris. Martin y otros se apresuraron a desestimar la cuestión, pero esta ha persistido, sobre todo después de que el desventurado autor de la ‘autopsia’ afirmara que, en su opinión, dicho apoyo había tenido un impacto significativo.23(<)a href='https://www.axios.com/2026/08/06/dnc-2024-autopsy-author-gaza'(>)https://www.axios.com/2026/08/06/dnc-2024-autopsy-author-gaza(<)/a(>) Desde 2024, el tema no ha dado señales de remitir, desde el apoyo explícito de Zohran Mamdani a los palestinos durante su campaña a la alcaldía hasta la serie de exitosas campañas en las primarias de este año que pusieron en primer plano la guerra en Gaza.
La brecha que el apoyo a Israel ha abierto en la política demócrata ha provocado una mayor pérdida de confianza de los donantes en el Comité Nacional Demócrata (DNC). Varios grandes donantes han afirmado que han dejado de aportar fondos al DNC porque les preocupa que el partido pueda destinar parte de ese dinero a candidatos antiisraelíes.24Samantha-Jo Roth, “Israel Divide Reshapes How Some Jewish Democrats Give,” Washington Examiner, Agosto 8, 2026, (<)a href='https://www.washingtonexaminer.com/in_focus/4668472/israel-divide-jewish-democrats-donors/'(>)https://www.washingtonexaminer.com/in_focus/4668472/israel-divide-jewish-democrats-donors/(<)/a(>). Al mismo tiempo, grupos como ‘Democratic Majority for Israel’ y el ‘United Democracy Project’ están canalizando sus donaciones a través de otros grupos de interés demócratas, como ‘Emily’s List’ y ‘BOLD America’ (un grupo que apoya a candidatos hispanos). Aunque esto quizá no altere la cantidad total de dinero que reciben los candidatos demócratas en su conjunto, sí priva al DNC de fondos, lo que reduce su capacidad para trazar estrategias en todas las contiendas electorales y aumenta las fuerzas centrífugas dentro del partido.
Sin embargo, el mayor problema al que se enfrenta el partido es, sencillamente, que su segunda derrota a manos de Trump ha sacudido la fe de su electorado en los dirigentes. La situación es casi idéntica a la que afrontaron los republicanos tras la victoria de Barack Obama en 2008, cuando los escombros de la Administración Bush y la campaña derrotada de John McCain, partidaria de la guerra de Irak, proporcionaron el terreno fértil en el que creció el Tea Party. 25Patrick Rafail y John D. McCarthy, (<)em(>)The Rise, Fall, and Influence of the Tea Party Insurgency(<)/em(>), Cambridge Studies in Contentious Politics (Cambridge University Press, 2024), 153.

Hoy en día, los demócratas parecen seguir un camino similar. La insurgencia del Tea Party, que siempre representó una combinación de movilización de base y teatralidad de la élite, se manifestó en un número récord de candidaturas rivales en las primarias de 2010, lo que dio inicio a un período de guerra entre facciones que solo terminó con la llegada al poder de Trump. La actual insurgencia de izquierdas en el Partido Demócrata, impulsada en gran medida —aunque no exclusivamente— por los Socialistas Demócraticos de América (DSA) ha dado lugar a un aumento masivo de las candidaturas rivales en las primarias contra los candidatos titulares.
Es posible que el Partido Demócrata esté siguiendo el mismo camino que el Partido Republicano, pero con cierto retraso y mediante mecanismos algo diferentes. El Partido Republicano, como institución, quedó vaciado primero por el auge de los ‘super PAC’, que desplazaron al aparato oficial del partido, y después por el gobierno personalista de Trump, que prescindió de cualquier tipo de toma de decisiones colectiva. El Partido Demócrata parece encaminarse en la misma dirección, pero mientras que Trump restó poder al aparato del partido al imponer un gobierno personalista, sus instituciones centrales están perdiendo poder debido a la falta de fondos.
Del mismo modo, los votantes en las primarias de cada partido han comenzado a exigir candidatos que no se comprometan de ninguna forma con la oposición. El electorado republicano rechazó en 2010 la política conservadora del compromiso partidista, prefiriendo en su lugar a aquel candidato que prometiera la mayor beligerancia contra la Administración Obama. Los votantes demócratas exigen hoy candidatos que prometan una oposición total a la Administración Trump.
Sin embargo, a diferencia del Tea Party y del Freedom Caucus de la Cámara de Representantes, la insurgencia de la DSA carece de las bases de poder financiero y organizativo independientes que sustentaron la guerra civil del Partido Republicano. A nivel federal, el 60 por ciento de los titulares demócratas se enfrentaron este año a un rival creíble en las primarias, pero esta cifra fue superada por el Partido Republicano en 2022. Y el estilo de liderazgo que han desarrollado los insurgentes de izquierda es, hasta ahora, muy distinto del de la revuelta del Tea Party. Esta última dio lugar a figuras notoriamente obstruccionistas como Ted Cruz en el Senado y el Freedom Caucus en la Cámara de Representantes, cuya negativa a apoyar a la dirección del partido en episodios como el intento de derogar Obamacare les valió una cobertura mediática masiva y lucrativas donaciones para sus campañas, pero también el aislamiento del resto de su partido.
Aunque la extrema izquierda del Partido Demócrata se ha mantenido, hasta ahora, mucho más reducida que su homóloga del otro lado del hemiciclo, cabe destacar que la intransigencia no ha sido, en general, la estrategia de figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. Como demostró Abhinav Ramaswamy en un artículo reciente, ha sido, de hecho, el ala derecha del Partido Demócrata, el Blue Dog Caucus, la que se ha mostrado más dispuesta a oponerse a la dirección del partido.26Abhinav Ramaswamy, “Donor Networks and the Incentive to Defect in Congress,” SSRN, Junio 15, 2026, (<)a href='https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=7056598'(>)https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=7056598(<)/a(>). Pueden hacerlo porque cuentan con el respaldo de una red de donantes empresariales que difiere significativamente de la red tradicional del partido, mientras que muchas de las campañas insurgentes de izquierda han tratado de integrarse en el sistema más amplio de financiación de campañas del partido.
Queda por ver si la creciente izquierda del Congreso adoptará la actitud de desafío intrapartidista de la derecha. Sin duda, la debilidad del liderazgo de Hakeem Jeffries en la Cámara de Representantes constituye un objetivo tentador. Pero la experiencia del Freedom Caucus puede servir para disuadir a los insurgentes de izquierda de seguir su ejemplo. Al fin y al cabo, en momentos clave, la intransigencia del Freedom Caucus condujo a resultados más liberales, no más conservadores. En 2019, por ejemplo, la insistencia del grupo en la derogación más completa de Obamacare impidió que la versión de la Cámara de Representantes de dicha derogación fuera aprobada en el Senado. Como resultado, han sobrevivido hasta la actualidad muchas más instituciones de la Ley de Asistencia Asequible de las que lo habrían hecho si el grupo parlamentario se hubiera limitado a seguir el ejemplo de Paul Ryan.27Paul Heideman, “Is the Freedom Caucus a Model for Socialists in Office? The Limitations of an Argument by Analogy,” The Democratic Class Struggle (Substack), Agosto 21, 2026, (<)a href='https://paulheideman.substack.com/p/is-the-freedom-caucus-a-model-for'(>)https://paulheideman.substack.com/p/is-the-freedom-caucus-a-model-for(<)/a(>).
Sin embargo, independientemente de la estrategia de la izquierda del Congreso, está claro que, al igual que los republicanos después de 2008, el electorado demócrata exige hoy un partido más ideológico y más combativo. Queda por ver si la dirección del partido está dispuesta a satisfacer esta demanda.
¿Revolución política?
A pesar de las transformaciones desgarradoras que han experimentado los principales partidos políticos estadounidenses durante la última década, el mapa electoral permanece en gran medida congelado. Aunque los republicanos están estrechamente vinculados a una administración profundamente impopular, es probable que paguen un precio electoral menor que los partidos que se encontraron en situaciones similares en el pasado. Las elecciones de medio término de 2026 no cambiarán de forma fundamental los surcos por los que se ha movido la política estadounidense.
Pero a largo plazo, sería un error descartar la posibilidad de un cambio explosivo. En 2028, por primera vez en doce años, el Partido Republicano ya no tendrá a Donald Trump como figura emblemática. Aunque las especulaciones sobre la candidatura de Trump a un tercer mandato han despertado el interés de ambos lados del espectro político, en este momento se trata más de una leyenda que de un plan. Ni Trump ni el Partido Republicano han hecho nada para sentar las bases de una violación tan descarada de la vigésima segunda enmienda y, a medida que los índices de popularidad de Trump continúan su descenso constante, las ventajas de tal maniobra se están reduciendo hasta casi desaparecer. (Además, los posibles sucesores, JD Vance y Marco Rubio, tienen fuertes motivos para desmarcarse de cualquier conspiración de este tipo). Lo más probable es que desaparezca el ‘pegamento trumpista’ que ha mantenido unido a este partido tan dividido.
Al mismo tiempo, la creciente confianza de la izquierda del Partido Demócrata está creando las condiciones para un aumento de los niveles de conflicto interno. Figuras del establishment del partido, como Rahm Emmanuel y Neera Tanden, se están preparando para un conflicto más prolongado contra la DSA y el resto de los insurgentes; si la situación financiera del partido sigue deteriorándose, considerarán cada vez más que el conflicto tiene un carácter existencial.
Ambos partidos experimentaron más conflictos internos en la década de 2010 que en muchas décadas anteriores. Pero es muy posible que la próxima década haga que esos años parezcan tranquilos en comparación.
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