Número 1, junio de 2026

Análisis

Poder estadounidense

Nvidia en el Golfo

Washington, Silicon Valley y las monarquías árabes

NEOM AI Data Center Plan, Saudi Arabia, 2025.

En mayo de 2025, Donald Trump emprendió el primer viaje al extranjero de su nueva administración, en el que visitó Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, acompañado de varias figuras destacadas de Silicon Valley. El mismo día en que aterrizó en Riad, el presidente derogó el “Marco para la Difusión de la Inteligencia Artificial” de la era Biden, que había buscado proteger las tecnologías estratégicas regulando el acceso a los chips estadounidenses. Mientras que Biden había impuesto estrictos controles de exportación como parte de un programa de seguridad nacional centrado en contener el auge de China, Trump veía en los semiconductores una herramienta para cultivar alianzas en Oriente Medio y promover la pretensión de las grandes tecnológicas de acceder a mercados externos clave. Por lo tanto, estaba dispuesto a venderlos en grandes cantidades a sus anfitriones, quienes vieron una oportunidad de oro.

A cambio de comprometerse a realizar pedidos e inversiones por valor de hasta un billón de dólares en Estados Unidos para los próximos años, se permitiría a los saudíes importar 18 mil unidades del servidor Blackwell más avanzado de Nvidia, el GB300. 1 Kif Leswing, “Nvidia sending 18,000 of its top AI chips to Saudi Arabia”, CNBC (Mayo 13, 2025). Justo antes del día de acción de gracias, la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio aprobó oficialmente la promesa de Trump, autorizando a Arabia Saudita a adquirir hasta 35.000 GB300. Por su parte, el grupo G42 de los Emiratos Árabes Unidos—el holding tecnológico a través del cual Abu Dabi gestiona la mayor parte de sus iniciativas de Inteligencia Artificial (IA)—recibió permiso para importar 500 mil chips H100 de Nvidia al año.2Las adquisiciones de los Emiratos Árabes Unidos fueron precedidas por dos inversiones en propiedades de la familia Trump. Poco antes de la toma de posesión del presidente, representantes de Tahnoon bin Zayed adquirieron una participación del 49 por ciento en World Liberty Financial, una empresa de criptomonedas liderada por las familias Trump y Witkoff, por 500 millones de dólares. Dos semanas antes de la visita del presidente al Golfo, MGX comprometieron 2 mil millones de dólares de su propio capital a la empresa Los acuerdos de importación marcaron un cambio radical no solo en el enfoque proteccionista de Estados Unidos, sino también en la relación del Golfo con la tecnología.

En las últimas dos décadas, los principales actores de la región habían estado inyectando enormes recursos en Silicon Valley, convirtiéndose en uno de los principales patrocinadores del desarrollo de la IA. Ahora bien, aun cuando estos flujos financieros no se están agotando, se combinan con un intento de repatriar elementos clave de la infraestructura de innovación tecnológica estadounidense, además de esfuerzos por acelerar el crecimiento de las empresas líderes en IA de los propios países del Golfo.

Las recientes adquisiciones de Nvidia conllevan un relevante giro geoeconómico que despierta una serie de preguntas. ¿Por qué Washington está profundizando sus relaciones con el Golfo? ¿Qué motiva a Arabia Saudita y Abu Dabi a apostar con tanta determinación por la IA? ¿Qué significa esto para la estrategia imperial estadounidense? 

Durante años, las inversiones externas del Golfo han integrado a la región en circuitos de acumulación dominados por los gigantes estadounidenses de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Tras la crisis financiera mundial, los fondos soberanos del Golfo desempeñaron un papel fundamental a la hora de satisfacer las insaciables demandas de liquidez de Silicon Valley. Apuntalando así una economía política estadounidense cada vez más atada al aumento de las valoraciones de los activos. 

Sin embargo, las participaciones financieras del Golfo en la tecnología estadounidense tuvieron efectos económicos limitados en sus propios países y aportaron poco en cuanto a transferencias de tecnología o mejoras de la capacidad productiva nacional. Por ello, el Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo (CCG)—la unión que agrupa a Arabia Saudita, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Catar—está cambiando de rumbo al reconceptualizar no solo su enfoque del sector tecnológico, sino también su posición dentro de la fragmentada economía mundial. 

Hasta ahora, la transición sigue siendo complicada e incompleta. Justo cuando los Estados del Golfo arábigo habían apostado su futuro al ascenso aparentemente imparable de la IA estadounidense, la primacía de la política sobre el mercado se ha reafirmado con violencia. Teherán responde a la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel atacando los centros de datos de Oracle y Amazon en los Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Por lo tanto, sigue siendo incierto si la alianza del CCG con Washington, mediada por Silicon Valley, seguirá siendo una fuente de dinamismo económico o un área de grave vulnerabilidad. El resultado final tendrá implicaciones de largo alcance para Oriente Medio y su lugar en el sistema interestatal.

Washington y Silicon Valley

La conexión entre Silicon Valley y los países del Golfo se remonta al declive secular de la capacidad pública de investigación y desarrollo en Estados Unidos. Durante la década de 1960, las agencias encargadas de liderar la investigación tecnológica del Gobierno tras la Segunda Guerra Mundial—como la NASA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa y otras instituciones similares—absorbían aproximadamente el 17 por ciento del gasto discrecional federal. En la primera década del 2000, por el contrario, la cifra cayó por debajo del 10 por ciento. 3The Task Force on American Innovation, “American exceptionalism, American decline? Research, the knowledge economy, and the 21(<)sup(>)st(<)/sup(>) century challenge, Reporte (Diciembre 2012). Rebecca Mandt, Kushal Seetharam, Chung Hon Michael Cheng, “Federal R&D funding: the bedrock of national innovation”, Report: MIT Science Policy Review (2020).

Esto alteró la relación del Estado con una fracción concreta del capital estadounidense, a medida que los gigantes emergentes de las TIC (Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta) asumían cada vez más la responsabilidad de los procesos de planificación y la capitalización de la investigación. El modelo de innovación depredador y de coste relativamente bajo de los gigantes tecnológicos—basado en la externalización, el control de las infraestructuras y la extracción de rentas a partir de la propiedad intelectual—contribuyó a construir lo que más tarde se conocería como monopolios intelectuales. Con el impulso de la plataformización, estas empresas se hicieron con una cuota cada vez mayor de la riqueza generada por una economía recién digitalizada y orientada a los servicios.4Cecilia Rikap, “The US national security state and Big Tech: frenemy relations and innovation planning in turbulent times”, (<)em(>)Review of Keynesian Economics (<)/em(>)12:4 (2024). Cecilia Rikap y Bengt-Ake Lundvall, “Big tech, knowledge predation and the implications for development, (<)em(>)Innovation And Development (<)/em(>)12:3 (2022).

Con ello, Silicon Valley se transformó progresivamente en algo más que el principal motor del crecimiento económico de Estados Unidos. En la década de 2010, era un gigante capaz de subordinar industrias enteras a su voluntad, explotando y absorbiendo a empresas más pequeñas y creando fortunas astronómicas por el camino. Desarrolló tecnologías cada vez más relevantes para la seguridad nacional: mientras que el Pentágono había invertido en su momento fuertemente en Silicon Valley, ahora llegó a depender de las grandes tecnológicas para todo, desde la vigilancia hasta las comunicaciones en la nube, pasando por la robótica y la inteligencia artificial. A medida que el Estado se volvía existencialmente dependiente del sector tecnológico, este último acumulaba más poder en el sistema mundial en su conjunto. La Comisión Federal de Comercio (FTC) hizo caso omiso de la ley antimonopolio y permitió que las principales empresas tecnológicas—Google, Facebook y Amazon—se hicieran con posiciones de monopolio inexpugnables en diversos campos.5Jessica Crobett, “’Total scandal’: Memos expose failure of Obama-era FTC to stop Google’s monopoly power”, (<)em(>)Common Dreams (<)/em(>)(Marzo 16, 2021). Esta historia puede ser rastreada aquí: Stavroula Pabst, “How the Pentagon built Silicon Valley”, Analysis: Responsible Statecraft (Agosto 24, 2024).

Durante los ocho años de mandato del presidente Obama, los intereses sectoriales de Silicon Valley se elevaron a intereses generales. Creó los nuevos cargos ejecutivos de director de tecnología, director de ciencia de datos y director de rendimiento, y llenó cada oficina con nombramientos favorables a la industria. El lanzamiento del Comando Cibernético de Estados Unidos en 2009, seguido de la Estrategia de Seguridad Nacional y las Revisiones Cuatrienales de Defensa de 2010, supuso la consolidación de este nexo entre las grandes tecnológicas y la seguridad nacional, con la infraestructura digital definida como “activo estratégico nacional”.6 Para proteger las participaciones estadounidenses de este activo, también pidieron explícitamente que se reforzaran las alianzas con los líderes del sector privado: Cristina Soreanu Pecequilo y Francisco Luiz Marzinotto Junior, “US Power and the Multinational Tech Companies of the Digital Era: An Analysis of the Obama and Trump Governments’ Oligopolization (2009–2021),” (<)em(>)Austral: Brazilian Journal of Strategy & International Relations(<)/em(>) 11, no. 21 (2022).

El auge de la IA estadounidense

Sin embargo, tras este crecimiento acelerado posterior a la crisis financiera, el sector tecnológico se encontró a la deriva a finales de la década de 2010. Con pocos medios para mantener el ritmo de innovación, en su lugar intentó sacar el máximo partido a los beneficios de los productos existentes, lo que condujo a un fuerte deterioro de la calidad. La inversión de 77 mil millones de dólares de Facebook en el metaverso, que en última instancia no dio lugar a ningún producto nuevo y no generó ingresos adicionales, fue una señal de creciente desesperación. Fue en este contexto que Silicon Valley recurrió a la IA generativa—un modelo cuyo desarrollo había despegado por primera vez en 2012—como solución. La primera administración Trump respondió a la carrera por la IA con la Orden Ejecutiva 13859 y la Iniciativa Nacional de IA. La lógica de ambas intervenciones era claramente de laissez-faire, otorgando al sector privado la prerrogativa de “conducir el coche y establecer las normas de circulación”. 

Este enfoque de no intervención fue bien recibido por Silicon Valley y se mantuvo, en lo general, bajo la administración Biden. Aunque la directora de la FTC, Lina Khan, realizó mayores esfuerzos por hacer cumplir las leyes antimonopolio, Meta y Microsoft la superaron fácilmente y continuaron comprando a posibles competidores. Aunque la Casa Blanca hizo algunos intentos por imponer límites al desarrollo de la IA—por ejemplo, a través del Plan para una Carta de Derechos de la IA—, la orientación general de la política estatal siguió siendo la misma: un apoyo inequívoco a los principales actores de Silicon Valley y un compromiso inquebrantable con la promoción de sus intereses. Esto quedó patente en el Memorándum de Seguridad Nacional de Biden del otoño de 2024, que reafirmó la necesidad de un desarrollo de la IA liderado por el sector privado en el contexto de la creciente rivalidad con China.

La Ley CHIPS y de Ciencia de 2022, por su parte, ofreció decenas de miles de millones en subvenciones y créditos fiscales para la fabricación de chips y la investigación en semiconductores, en un intento de proteger a Silicon Valley de la competencia. Al situar el debate sobre la política de IA en el ámbito de la seguridad nacional, la administración dio luz verde a las empresas tecnológicas para que eludieran sus responsabilidades oficiales en materia de normas reguladoras, presentación de informes y transparencia.7 Karen Hao: (<)em(>)Empire of AI: Dreams and Nightmares in Sam Altman’s OpenAI(<)/em(>) (Nueva York: Penguin Books, 2025).

La administración Biden también ayudó a garantizar las enormes cantidades de financiación que exigía Silicon Valley. Aquí es donde el Golfo resultó útil. En junio de 2023, la Casa Blanca organizó reuniones entre el jeque Tahnoon bin Zayed de Abu Dabi y altos ejecutivos de Microsoft, Google y OpenAI. La secretaria de Comercio, Gina Raimondo, comenzó a actuar personalmente como intermediaria de Sam Altman entre los principales agentes de poder del CCG. En parte, gracias a estos esfuerzos, la financiación del CCG para las empresas de IA con sede en Estados Unidos se quintuplicó en 2024.

Destacan algunas inversiones. La información pública reveló que Sanabil Investments, una filial del Fondo de Inversión Pública (PIF, por sus siglas en inglés) de Arabia Saudita, ofreció respaldo a las sociedades de capital riesgo que ayudaron a sostener el ecosistema de IA de Silicon Valley: Coatue Management, Insight Partners, Andreessen Horowitz, Founders Fund, Radiate Ventures y General Atlantic. Las entidades de Abu Dabi dedicadas al desarrollo tecnológico, en su mayoría de propiedad estatal—MGX y G42—también financiaron directamente a los “hiperescaladores” decididos a expandir la IA estadounidense. MGX se erigió como uno de los principales patrocinadores de OpenAI durante una ronda de financiación de 6 mil 600 millones de dólares en octubre de 2024, solo unos meses después de que Mubadala, el segundo fondo soberano más grande del emirato, se hiciera con la importante participación accionaria que FTX, de Sam Bankman-Fried, tenía en Anthropic.8  Mackenzie Sigalos, “FTX estate selling majority stake in AI startup Anthropic for $884 million, with bulk going to UAE”, CNBC (Marzo 25, 2024). Elizabeth Dwoskin, Ellen Nakashima, Nitasha Tiku, and Cat Zakzrewski, “How the authoritarian Middle East became the capital of Silicon Valley”, Washington Post (Mayo 14, 2024). Kate Rooney y  Kevin Schmidt, “Middle Eastern funds are plowing billions of dollars into hottest AI startups”, CNBC (Septiembre 22, 2024) Jessica Matthews, “Silicon Valley and Saudi Arabia are still closely intertwined despite age-old controversy,” Fortune (Abril 4, 2023).

Abu Dabi había estado tanteando alternativas chinas en materia de IA durante la primera mitad del mandato de Biden, pero las negociaciones secretas entre el Departamento de Comercio de Estados Unidos y la dirección de G42 acabaron por persuadir a la empresa de que se desprendiera de las firmas tecnológicas chinas y retirara los chips de Huawei de sus centros de datos de IA. El giro alejándose de China fue solo parcial, ya que las participaciones de G42 en la china ByteDance se transfirieron a otra entidad estatal, mientras que los Emiratos Árabes Unidos continuaron colaborando con China en 5G, drones y tecnología militar.

Pero, aun así, este cambio de rumbo acercó a Abu Dabi al bando estadounidense de la IA, allanando el camino para que Microsoft firmara un acuerdo de 1.500 millones de dólares con los Emiratos Árabes Unidos en abril de 2024 relacionado con el desarrollo de la nube y la IA. Esto puso los recursos del país—financieros y energéticos—, así como su acceso a los mercados del Sur global, a disposición de Silicon Valley.

Deslocalización hacia el Golfo

La segunda administración de Trump está usando su política de Inteligencia Artificial para estar al servicio de los gigantes de la nube, aunque con momentos de incoherencia e irracionalidad en el camino. En su primer día de vuelta en el cargo, Trump emitió una orden ejecutiva titulada “Eliminación de barreras al liderazgo estadounidense en inteligencia artificial”, una reforma desreguladora que apuntaba a las ya de por sí extremadamente débiles protecciones, normas y requisitos de información instituidos bajo Biden. El Departamento de Justicia de Trump también tomó medidas para liberar a los gigantes tecnológicos de preocupaciones relacionadas con la legislación antimonopolio. En agosto de 2025, más de un tercio de las demandas e investigaciones relacionadas con la tecnología heredadas de la administración Biden habían sido desestimadas. El verano pasado, el Plan de Acción de IA de Trump se comprometió a eliminar la “burocracia”, impulsar la adopción de la IA para integrarla al Departamento de Guerra, proteger la propiedad intelectual estadounidense y eliminar las barreras para la construcción de nuevos centros de datos e instalaciones de generación de energía. A esto le siguió una orden ejecutiva de diciembre de 2025 destinada a impedir que los gobiernos estatales impusieran o hicieran cumplir regulaciones sobre la IA.9Leonie Allard y Julian Blum, “U.S. foreign policy: power in the age of AI”, Report: Institut Montaigne (2025). Adi Robertson, “US removes ‘safety’ from AI Safety Institute”, The Verge (Junio 4, 2025). Rick Claypool, “Deleting tech enforcement”, Report: Public Citizen (Agosto 2025).

Animado por la Casa Blanca, el capital del CCG ha seguido fluyendo hacia Silicon Valley. MGX y G42 se han comprometido a invertir 1,4 millones de millones de dólares en Estados Unidos a lo largo de diez años. MGX también participó en una importante ronda de financiación de la Serie C para xAI, de Elon Musk, y ayudó a financiar una ampliación de capital de 10 mil millones de dólares para el desarrollador estadounidense de plataformas de IA Databricks.10 Además de sus inversiones en capital de riesgo, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita aumentó significativamente su participación en Amazon—una empresa líder en el desarrollo de inteligencia artificial—durante el primer trimestre de 2025, elevando su posición a 1,2 millones de acciones.(<)br(>) Steve Holland and Federico Maccioni, “UAE commits to $1.14 trillion US investment, White House says”, (<)em(>)Reuters (<)/em(>)(Marzo 21, 2025). On Databricks, see: Marlize van Romburgh, “Databricks raises $10B in 2024’s largest venture funding deal”, (<)em(>)Crunchbase News (<)/em(>)(Diciembre 17, 2024)

Tras la visita de Trump en mayo, el ritmo de la inversión procedente del Golfo hacia Silicon Valley se aceleró de forma espectacular. La Autoridad de Inversiones de Catar (QIA) fue nombrada “inversora significativa” en la ronda de financiación de 13 mil millones de dólares de Anthropic. Al mismo tiempo, se unió a MGX para respaldar una ampliación de capital de 20 mil millones de dólares para xAI. Y en la primavera de 2026, MGX volvió a actuar como inversor principal de OpenAI, de Altman, cuando esta última recaudó la histórica cifra de 122 mil millones de dólares en financiación mediante capital. 11Mark Bergen and Adveith Nair, “Anthropic stake propels Qatar’s $524 billion wealth fund deeper into AI”, (<)em(>)Bloomberg (<)/em(>)(Septiembre 3, 2025). “Elon Musk’s xAI raises $20 billion in Nvidia-backed funding round”,(<)em(>)Agence France-Presse (<)/em(>)(Enero 7, 2026)

Más trascendentales son aún las recientes medidas de los Estados del Golfo para vincular la inversión a la relocalización de la IA. No se trata solo de inyectar dinero en el hegemón, sino de aprovechar sus capacidades tecnológicas como parte de sus propios planes de desarrollo nacional. El principal motivo aquí es la inquietud sobre la viabilidad del modelo de Estado petrolero. La IA se considera un remedio para los retos estructurales a los que se enfrentan las economías del Golfo que, durante la última década, se han vuelto cada vez más conscientes de la necesidad de diversificarse más allá del petróleo y el gas. En parte debido al puñado de empresas de consultoría que asesoran a cada uno de estos gobiernos, sus estrategias nacionales de diversificación se parecen mucho entre sí. Abu Dabi, Dubái, Arabia Saudita, Catar y Kuwait están poniendo en marcha planes “Visión” con la misma plantilla básica, en la que la IA desempeña un papel destacado. 

Los planificadores de Arabia Saudita también están haciendo todo lo posible por fomentar una industria propia de IA a partir de insumos estadounidenses. Los servidores Nvidia GB300 recién adquiridos por el país se desplegarán en un centro de datos controlado conjuntamente por Humain, un “campeón nacional” de la IA lanzado el año pasado por el Fondo de Inversión Pública y xAI, de Elon Musk. Una alianza estratégica establecida en noviembre de 2025 entre Humain y Nvidia especifica que la primera podrá adquirir hasta 600 mil unidades de procesamiento gráfico (GPU)—los circuitos electrónicos especializados utilizados para entrenar modelos de IA—durante los próximos tres años. La prensa especializada sugiere que estos chips se utilizarán en centros de datos tanto en Estados Unidos como en Arabia Saudita. En el primero, los centros de datos se gestionarán en el marco de una empresa conjunta entre Humain y Global AI, una empresa de infraestructura de IA fundada por antiguos ejecutivos de IBM. En Arabia Saudita, se espera que la mayor parte de los productos de Nvidia se conecten a la zona dedicada a la IA que Humain y Amazon Web Services están desarrollando cerca de Riad.12“Humain expands strategic partnership with Nvidia, advancing global AI infrastructure with xAI, Global AI, and AWS at the U.S.-Saudi Investment Forum”, Humain (Noviembre 19, 2025). Adam Satariano and Paul Mozur, “Saudi Arabia’s new power play is exporting A.I. to the world”, New York Times (Octubre 27, 2025). Pramod Kumar, “Humain invested $3bn in xAI before merger with SpaceX”, Arab Gulf Business Insight (Febrero 19, 2026). Staff Writer, “Is OpenAI betting its future on the GCC? Altman’s big ticket pitch to Middle East investors”, Tech Revolt (Enero 23, 2026).

La capacidad del CCG para combinar la subordinación al sector privado estadounidense con la inversión nacional a lo largo de toda la cadena de valor tecnológica es impresionante. OpenAI despliega ahora sus modelos abiertos más avanzados desde centros de datos en Arabia Saudita, y xAI pronto entrenará allí también sus modelos propios. Las potencias del Golfo están construyendo sus propias pilas de IA, con Humain y G42 desarrollando infraestructura de IA, entrenamiento de modelos y aplicaciones de consumo. Humain también está probando actualmente un producto controlado por voz que espera que algún día pueda competir con Windows, MacOS y los demás líderes mundiales en sistemas operativos para ordenadores. 13Tala Alrajjal, “Saudi Arabia is making a massive bet on becoming a global AI powerhouse”, (<)em(>)CNN Business (<)/em(>)(Noviembre 2, 2025).

En resumen, la combinación de la dependencia del capitalismo estadounidense de Silicon Valley y la autodestrucción de su capacidad de I+D impulsada por el Estado llevó a Washington a ceder el liderazgo en el desarrollo de la IA a las grandes empresas dominantes en este ámbito. La relativa abundancia de recursos financieros del Golfo, el acceso a electricidad barata y la capacidad de generación de energía han llevado a esos actores —todos los cuales han basado sus estrategias empresariales en la ampliación de la capacidad de cálculo— a considerar a las monarquías del CCG como aliados esenciales. Y esas monarquías compiten ahora por convertirse en potencias de la IA por derecho propio con el beneplácito de la administración Trump.

Al servicio del Imperio

La apuesta del CCG por Silicon Valley puede atribuirse a unos cuantos factores principales. El primero es técnico: Nvidia produce chips a la vanguardia de la industria, lo que hace que sea racional para el Golfo alinearse con la tecnología estadounidense. El segundo es ideológico: Mohammed bin Salman no oculta su fascinación por el futurismo tecnológico al estilo estadounidense y su estética cyberpunk, mientras que Tahnoon bin Zayed es otro devoto a quien Altman describe como un “querido amigo personal”. Sin embargo, el factor más destacado en la alineación del Golfo con Silicon Valley es el conjunto de incentivos, restricciones y dependencias de trayectoria impuestas por la posición actual de la región dentro del imperio estadounidense, todo lo cual es anterior al auge de la IA.

La integración del CCG en el orden de posguerra liderado por Estados Unidos comenzó en 1933, cuando Standard Oil of California se hizo con una concesión de exploración petrolera en Dharan, y se consolidó tras los acuerdos sobre el reciclaje de petrodólares alcanzados en 1974. Para los regímenes del Golfo, la acumulación de capital interno se basó cada vez más en responsabilidades tributarias hacia Washington. La señal más evidente del servicio del Golfo al imperio fue la fijación del precio del petróleo en dólares por parte de los países y el desvío de los ingresos petroleros hacia los mercados de capitales dominados por Estados Unidos. Con el tiempo, la región pasó a desempeñar un papel cada vez más significativo en el sostenimiento de la salud financiera de Estados Unidos. En la década de los 90s, el Grupo Olayan de Arabia Saudita amplió su participación en Chase Manhattan Corp mientras que uno de los miembros de la realeza del país, al-Walid bin Talal, acudió al rescate de Citicorp cuando esta se encontraba en peligro esa misma década. La crisis financiera mundial de 2008 consolidó esta dinámica, ya que la Autoridad de Inversiones de Abu Dabi actuó con rapidez para salvar a Citigroup, mientras que las compras de deuda soberana estadounidense por parte del Golfo se volvieron fundamentales para el “éxito” del programa de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal.14Michael Quint, “Saudi prince to become Citicorp’s top stockholder”, New York Times (Febrero 22, 1991). Sarah Barlett, “Saudi group now owns over 5% of Chase stock”, New York Times (Abril 23, 1991).

Una vez que la crisis comenzó a ceder, la inversión del CCG resultó igualmente decisiva para la recuperación de Estados Unidos, dependiente de la tecnología. A finales de la década de 2010, Arabia Saudita se había convertido en el mayor inversor individual en las startups que habían surgido en los alrededores de San Francisco. El asesinato de Jamal Khashoggi por parte del Estado interrumpió brevemente la floreciente relación entre Arabia Saudita y Silicon Valley—Altman abandonó el consejo de administración de Neom en señal de protesta—. Pero la reacción negativa pronto se disipó y se reanudó la actividad habitual. El dinero de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes respaldó las fortunas personales y restableció los precios de las acciones de las figuras más destacadas de Silicon Valley a lo largo de la crisis crediticia posterior al Covid. 15Eliot Brown y Breg Bensinger, “Saudi money flows into Silicon Valley—and with it qualms”, Washington Post (Octubre 16, 2018).

Las relaciones del Golfo con Silicon Valley siempre se han sustentado en la lógica de la seguridad del régimen. Al utilizar su capital para apoyar a una fracción sectorial y de clase que es fundamental para la economía y el gobierno estadounidense, los países del CCG esperan que Washington le corresponda respaldando el control del poder de la realeza en un Oriente Medio cada vez más volátil. El reciente acuerdo de Arabia Saudita con Nvidia se produjo justo después de que Mohammed bin Salman y Trump firmaran un nuevo Acuerdo de Defensa Estratégica que, junto con disposiciones sobre cooperación en materia de energía nuclear civil, estipulaba compras saudíes considerables de equipamiento militar estadounidense. Entre ellas se incluirá un número no especificado de aviones de combate F-35, el sistema de armas más caro de la historia. Esto hace evidente que la inversión en IA funciona, al menos en cierta medida, como dinero de protección. 16Ashley Roque, “F-35, tank sales part of new US-Saudi strategic defense agreement”, Breaking Defense (Noviembre 18, 2025). Dan Grazier, “Has the Pentagon learned from the F-35 debacle?, Analysis: Program on Government Oversight (Junio 8, 2023). Rich Smith, “Lockheed scores blockbuster $24 billion sale of 296 F-35s”, The Motley Fool (Octubre 12, 2025).

Los mejores planes

¿Qué podría significar esta alineación para el futuro? Con su nuevo intento de importar potencia de cálculo de IA, los principales regímenes del Golfo han identificado oportunidades únicas para la extracción de rentas. En 2022, los analistas de McKinsey plantearon que la adopción de la IA podría aportar 150 mil millones de dólares anuales a las economías del CCG. Más recientemente, PriceWaterhouseCoopers estimó que la IA contribuirá con un mínimo de 135 mil millones de dólares (o el 12,4 por ciento del PIB previsto) a la economía de Arabia Saudita a partir de 2030, y con 96 mil millones de dólares (o el 13,6 por ciento del PIB) a la de los Emiratos Árabes Unidos. Estas enormes sumas previstas ya están dando lugar a nuevas configuraciones institucionales, con la creación de nuevos organismos de planificación, regulación y financieros, así como de entidades corporativas que podrían actuar como inversores principales.17 En los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, el desarrollo de la inteligencia artificial está fuertemente centralizado en estructuras estatales de alto nivel. En los Emiratos Árabes Unidos, Tahnoon bin Zayed lidera la estrategia a través de instituciones como la Universidad Mohamed bin Zayed de IA y el Instituto de Innovación Técnica, destacado por modelos como Falcon. En Arabia Saudita, la SDAIA—presidida por el príncipe heredero—coordina la política nacional de IA, desde la regulación hasta la inversión, apoyándose inicialmente en KAUST y en asociaciones internacionales, especialmente con China. Desde 2025, el liderazgo de la inversión y el desarrollo de una plataforma nacional de IA recae en el fondo soberano Fondo de Inversión Pública mediante la creación de Humain, articulando actores públicos y privados en torno a esta agenda.

Pero también se ciernen las amenazas. Las más inmediatas son consecuencia de la guerra con Irán. Teherán ha demostrado su capacidad para dictar condiciones en el estrecho de Ormuz y paralizar a los Estados del Golfo cuando lo desee. Mientras tanto, Estados Unidos ha demostrado que carece tanto de la voluntad como de los medios para proteger a sus clientes del CCG de las consecuencias de su desastrosa aventura militar. Su negocio de protección tiene un alcance limitado. Sin una resolución política estable para la región a la vista, los sueños del Golfo de desarrollar una gran infraestructura de IA podrían quedar en la nada.

Aun cuando se restableciera el statu quo anterior, los riesgos financieros sistémicos que presenta el modelo de IA de Silicon Valley podrían socavar las perspectivas a medio plazo del dominio de Estados Unidos y el Golfo en materia de IA. Varios factores hacen que las proyecciones económicas del Golfo parezcan inciertas: la extraordinaria tasa de quema de efectivo de las empresas tecnológicas emergentes estadounidenses; los gastos de capital sin precedentes de los hiperescaladores (previstos en 650 mil millones de dólares para 2026); las relaciones circulares que vinculan a los actores clave del sector; y la indiferencia general de Silicon Valley hacia la generación de ingresos.18“David Sacks Says AI Could Drive 75% Of US GDP Growth As Morgan Stanley Sees Big Tech AI Capex Surging Past $800 Billion In 2026,” Yahoo Finance, Mayo 5, 2026. Si bien los inversores estaban anteriormente dispuestos a ignorar la enorme brecha entre los gastos en IA y los ingresos, esto comenzó a cambiar en los primeros meses de 2026, en medio del caos desatado por la segunda administración Trump. Tras una conferencia sobre resultados a finales de enero, Microsoft perdió 357 mil millones de dólares en capitalización bursátil en un solo día.

Hay otras razones para creer que pronto se cosechará lo que se ha sembrado. Oracle ha emitido miles de millones en deuda para construir centros de datos que OpenAI, entre otras empresas, se ha comprometido a alquilar. Sin embargo, la capacidad de OpenAI para cumplir sus compromisos depende de que la empresa reciba inversiones de empresas como Nvidia y SoftBank, las cuales han dado señales de que podrían retirarse de sus compromisos no vinculantes. Si los socios estadounidenses clave atravesaran dificultades, las repercusiones podrían comprometer las finanzas del CCG y sus planes para desarrollar pilas de IA nacionales.

El gasto de capital previsto por el Golfo en centros de datos de IA complica aún más el panorama financiero. Según las previsiones de S&P, la carga en megavatios del sector de centros de datos de Arabia Saudita experimentará un crecimiento anual compuesto del 29 por ciento entre 2024 y 2030. Un aumento de tal magnitud deberá ir acompañado de un fuerte incremento de la demanda. De lo contrario, las pérdidas derivadas del exceso de capacidad podrían ser enormes. Por su parte, existen importantes retos que plantea la gestión de la obsolescencia, ya que los chips de última generación existentes podrían perder su vigencia (y, por lo tanto, necesitar ser sustituidos) en un plazo de cinco a siete años. 19Mai Barakat, “The Saudi Arabia data center market: a catalyst for economic innovation”, Special Report: S&P (Diciembre 2025). Chris Hamill-Stewart y Megha Merani, “$1m salaries, but Gulf still can’t woo enough AI talent”, Arab Gulf Business Insider (Agosto 25, 2025).

A pesar de las grandes inversiones en educación y formación, y de ofrecer enormes paquetes salariales, los denominados “campeones nacionales de la IA” del Golfo se ven afectados por la escasez de mano de obra cualificada. Ni Abu Dabi ni Arabia Saudita cuentan con los trabajadores necesarios para dinamizar las industrias nacionales de IA, por lo que los obstáculos para el éxito son desalentadores. Esto se vincula con cuestiones más amplias sobre la utilidad subyacente de la industria de la IA para el desarrollo. Por el momento, hay pocos fundamentos para suponer que la IA generará mejoras sustanciales en la productividad.A escala global, los datos sugieren que el efecto más inmediato de la IA en el mercado laboral es la desaparición de lo que antes eran puestos de trabajo de nivel básico seguros, especialmente en el sector del software y las industrias relacionadas. Arabia Saudita ya se enfrenta a una tasa de desempleo juvenil de alrededor del 15 por ciento. Los graduados de secundaria y universitarios saudíes tardan cerca de cuarenta semanas en conseguir un empleo. Estudios del Centro de Estudios e Investigaciones Petroleras Rey Abdullah identifican a las mujeres y a los jóvenes como los más vulnerables al desplazamiento laboral derivado de la IA. Ignorar estas señales de alerta e introducir la IA en el reino en crisis supone arriesgarse a provocar graves disturbios sociales. 20Erik Brynjolfsson, Bharat Chandar, Ruyu Chen, “Canaries in the coal mine? Six facts about the recent employment effects of artificial intelligence”, Working Paper: Stanford Digital Economy Lab (Agosto 2025). “Slow transitions drain billions from Saudi economy”, Wamda (Noviembre 17, 2025). Cian Mulligan, “AI and green jobs in the Saudi labor market: exposure and complementarity”, Report: King Abdullah Petroleum Studies and Research Center (Noviembre 2025).

El impacto ecológico de la IA también debe considerarse en relación con los retos climáticos del Golfo, sobre todo en Arabia Saudita, donde el Estado planea utilizar centrales de gas natural para suministrar electricidad a los clústeres de IA que se están construyendo actualmente. Con centros de datos en construcción en lugares demasiado calurosos para un rendimiento óptimo, lo cierto es que la factura de las emisiones derivadas de la refrigeración de estas instalaciones—incluso cuando se utilizan sistemas de aire y evaporativos más eficientes—va a ser gigantesca. Las posibilidades de reducir la huella de carbono de la computación de la IA mediante el uso de plantas solares se enfrentan a una serie de obstáculos, entre ellos la intermitencia de las energías renovables. A pesar de que los saudíes han dado pasos de gigante en la capacidad de las baterías a escala de red en los últimos años, el país está muy lejos de poder almacenar los niveles de energía necesarios para garantizar que los centros de datos reciban el suministro constante que requieren. 21(<)sup(>) (<)/sup(>)Hazel Gandhi y Rina Chandran, “We mapped the world’s hottest data centers», (<)em(>)Rest of World (<)/em(>)(December 15, 2025). Rachel Millard, “There’s a new ‘breakout star’ in the battery storage market”, (<)em(>)Financial Times (<)/em(>)(Febrero 3, 2026)

Las monarquías del Golfo han sido aliadas indispensables tanto para los proyectos imperiales británicos como estadounidenses, asegurando la circulación del petróleo en beneficio de las naciones más ricas y ayudando a respaldar el orden financiero global basado en el dólar. El papel descarado de estos regímenes en el sistema mundial es ampliar la participación de los beneficios en los ingresos. Sus gobernantes han perfeccionado el arte de explotar a los trabajadores en casa y extraer valor en el extranjero, utilizando el reciclaje de petrodólares para saquear el Sur Global en los años setenta y ochenta, antes de diseñar modelos corporativos para eludir las leyes laborales e impedir la negociación colectiva en el nuevo milenio. Esto les confiere una afinidad natural con la IA, que no es un simple medio para sustituir a los trabajadores, sino una herramienta compleja para degradar, descalificar, acelerar y externalizar el trabajo. La participación del Golfo en las iniciativas de Altman y otros, impulsada por una combinación de interés económico, conveniencia política y compromiso ideológico, es la última etapa de esta larga trayectoria histórica. 22Moritz Altenried, (<)em(>)The Digital Factory: The Human Labor of Automation (<)/em(>)(The University of Chicago Press: 2022); Alex Hanna y Emily Bender, “The hidden labor that makes AI work”, (<)em(>)Rest of World (<)/em(>)(Julio 1, 2025); Jason Resnikoff, “Contesting the idea of progress: labor’s AI challenge”, (<)em(>)New Labor Forum (<)/em(>)33:3 (2024). 

Pero aún cuando los Estados del Golfo se han beneficiado hasta ahora al actuar como representantes predilectos de Estados Unidos, esta estrategia podría resultar contraproducente en un futuro próximo. Ya sea por la volatilidad creada por la agresión estadounidense o por las contradicciones internas del auge de la IA. Durante la próxima década, la salud del imperio en Oriente Medio dependerá en gran medida del grado en el que este nexo entre el Golfo y Silicon Valley pueda mantenerse unido.

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